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No es fácil apelar constantemente al sentido común, para iluminar un punto de encuentro, donde coincidan el mayor número de voluntades y se pueda transformar un esfuerzo disperso, en una masa crítica; entendida esta, como un conjunto de personas con criterio unificado, que puedan influir lo suficiente, para cambiarle rumbo al país.

BY DANILO ROCA (EDMUNDO DEANTÉS)

Un método interesante para intentarlo sería saber que somos realmente como sociedad presuntamente organizada jurídica y políticamente y así confirmar las primeras contradicciones que se debieran depurar.

¿Somos realmente esa República que proclamamos?

Como Estado tenemos dos de sus pre-requisitos fundamentales: Territorio y Población, fallamos en nuestra capacidad de auto legislar nuestras normas de comportamiento y en consecuencia proclamar soberanía jurídica frente a los demás Estados.

Aun, cuando todos los Estados tienen limitaciones en el ejercicio de su soberanía normativa, consecuencia del Derecho Internacional aceptado y consensuado en los organismos internacionales, es parte del conflicto universal, aceptar la tolerancia de la sociedad supuestamente organizada, frente al abuso de la intervención externa en detrimento de la autodeterminación de los pueblos.

Siempre he creído que el Derecho Internacional, es la legislación impuesta, por los vencedores en la guerra sobre los perdedores.

Esa insaciable codicia de los seres humanos en busca de la satisfacción, inicialmente de sus necesidades, y posteriormente, de sus intereses estructurados históricamente en la explotación de los más débiles o de los vencidos.

Lupus est Homo homini, El Hombre Es El Lobo Para El Hombre frase de la obra dramática Asinaria del comediógrafo Plauto (250-184 A.C.).

Ya Platón planteaba La República, como una necesidad moral, tanto para el Estado como para el individuo, de regir su conducta de acuerdo a la justicia.

El Barón de Montesquieu (1869-1755) proponía como forma de gobierno la separación de los poderes del Estado, consagrando la distribución de las funciones ejecutiva, legislativa y judicial para evitar el abuso de poder.

Ya anteriormente John Locke en medio de la monarquía absoluta en la que había crecido, había postulado LA SOBERANIA POPULAR entendida como el mandato derivado de la voluntad del pueblo como el soporte fundamental de cualquier forma de gobierno, buscando la felicidad individual como única finalidad de la vida en sociedad.

“Los hombres olvidan que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias” sostenía.

Y en relación a la libertad en su más profunda expresión afirmaba: “Todo hombre tiene una propiedad sobre su propia persona. Nadie tiene derecho sobre ella, excepto el mismo”.

Ni platón, ni Montesquieu, ni Locke, aceptarían que Guatemala constituiría la expresión política de un Estado y seguramente vomitarían si se les definiera como una República.

Pero el abortado experimento de ajustar nuestro modelo a una realidad inexistente, nos tiene sumidos en una Republiqueta donde reina el desorden, la anarquía y una parodia vulgar de Dictadura aldeana y sin Gente que la aguante.

¡No somos una República porque nos tienen intervenidos!

No somos una República porque no podemos darnos nuestras propias leyes sin la abusiva intervención de instituciones extranjeras, de Estados extranjeros, que ponen y disponen a discreción y voluntad de los cargos públicos estratégicos y las decisiones de nuestros pseudo-funcionarios nacionales.

No somos un Estado porque teniendo Territorio y población, carecemos de SOBERANIA.

Estamos Indefensos frente a la agresión interna o externa.

La interna (fuerzas de policía), contaminada por la estructuración de mandos instalados y a la orden de jerarquías extranjeras que ignoran nuestra realidad, exigencias y necesidades.

La externa, minada por la agresión institucionalizada a nuestra institución armada, que han dividido en generaciones: La de los vencedores, degradados mediática y formalmente, frente a sus soldados.

Señalados y escarnecidos en antiguos cuarteles, constituyen testimonio vívido de un ingrato mal ejemplo, ante aquellos que formados durante la falsa paz, les enseñaron sistemáticamente a repudiar a sus propios héroes históricos.

Militares perseguidos y angustiados por la descalificación generalizada, deciden profesionalizarse en carreras liberales y acreditarse como civiles para paliar las sindicaciones sociales provocadas e instigadas irónicamente por los derrotados.

Mientras tanto, el resto de los ciudadanos, por cientos de miles, desamparados a su suerte en la defensa de su libertad, propiedad y soberanía patria. ¡Héroes necesitando uniformes y uniformes necesitando héroes!

Esa insaciable codicia de los seres humanos en busca de la satisfacción, inicialmente de sus necesidades, y posteriormente, de sus intereses estructurados históricamente en la explotación de los más débiles o de los vencidos.