Viaje en el tiempo

Si pudiera retroceder el tiempo, me gustaría volver a comprar Tortrix  y Chiclet’s Adams de 5 len, helados cuaches de 4 len, grapetías de 6 len, dulces de 4 por 1 len o de “a medio”, panes dulces y franceses de 2 len más “mi ganancia”. 

Por: Sandra Juárez  / Publicado en el muro Facebook de Doris Donis

Me gustaría esperar diciembre para recibir tarjetas de navidad y contarlas para saber quién recibía más de estas postales; para quemar el diablo con toda la pandilla, para despenicar ametralladoras y fastidiar a los vecinos con las bombas entre los buzones de sus casas.  Me gustaría esperar ansiosa los vientos de octubre que olían a vacaciones, que traían consigo montar en bici incansablemente,  jugar chiviricuarta, un dos tres cruz roja, candelitas, avioncito, tenta y tocar timbres en el vecindario, para después salir corriendo como alma que lleva el viento.

Me gustaría volver a pintar en libros de papel, correr para contestar el teléfono cada vez que sonaba, leer Platero y Yo , ir al mercado con mi mamá para comprar la carne del día y visitar “al Señor de la Trece” que importaba juguetes y cosas hermosas que yo admiraba y deseaba secretamente para Navidad.

Todo cambio

Quisiera regresar a cuando mi número de teléfono era 24453 y el de mis primos 26656, o el de mis abuelos 28560, o cuando tomábamos tres camionetas para visitar a mi tía Pilar por la tarde y pasábamos a comprar galletas de chocolate forradas de maní en la Castilla.

Vuelvo la vista atrás y todavía me recuerdo del bus 2 del Capouillez, de Ramón, el sordomudo que recogía la basura en mi casa; del niño que llevaba arena de tanto en tanto (servía para lavar las ollas y quitarles el sarro y la grasa… ¡ ja, cuál tu teflón!) o del pelirrojo que vendía tiste.  Ya nadie sabe qué es el tiste ni lo delicioso que puede ser después de jugar kick y sudar como infelices.  Ya nadie lava platos con pashte de tuza ni lava los patios con escoba de raíz.

Veo el calendario y me gustaría retroceder una buena cantidad de años, a aquellos tiempos en donde los desfiles del 15 de septiembre eran la delicia del mes y lo más deseado era lo que venía al final: las mejores bandas de los colegios clásicos que ensayaban desde 6 meses antes del gran día.

La publicidad del momento

“Mejor mejora Mejoral” y “para escribir mejor, sólo Schaeffer es lo mejor “ eran algunas de las campañas publicitarias más sonadas en el radio, cuando todas las estaciones eran AM, la 5-60 y la Señorial eran de lo mejor y sólo Fabuestéreo estaba en FM, que de paso no me gustaba porque todo el día pasaban fabumarimbas.  Ya nadie sabe que los papás decentes no dejaban ir a sus hijos al Fu Lu Sho o al Dairy Queen, porque allí “solo grifos van”.

La virgen del Rosario

Esas largas filas para ir a ver diariamente a la Virgen del Rosario en Santo Domingo durante todo el mes de octubre eran maravillosas; salir de allí para luego comer plataninas y comprar boberías eran la sensación del mes… sin mencionar la felicidad que me generaban las visitas a los resbaladeros gigantes del hipódromo del norte los domingos por la tarde o cuando entre mis primas y yo juntábamos para “ir a sextear” y tomarnos una horchata de “El Tejano”, con 3 pajillas, por supuesto, porque no nos alcanzaba para más.  Eran esos días cuando no importaba que tuviéramos 10 años y fuéramos solitas al centro “a vitrinear”.

El dinero es diferente

Si mis abuelos levantaran la cabeza y vieran que podemos sacar dinero de una caja de hierro, que casi todo se paga con una tarjeta plástica, que las chequeras van en extinción, que viajar en avión ya no es sólo para unos cuantos, que podemos escuchar y conversar a diario con cualquiera que viva del otro lado del planeta y que las librerías casi no existen porque ahora todo se lee en una pantalla, creo que volverían a caer redondos del susto.  Si vieran a los niños, sentados como autómatas frente a un televisor y con un control en la mano jugando futbol o haciendo una carrera de carros, pensarían que están locos y que nada se podría esperar para su futuro, sino un ingreso al Federico Mora.

Una vida mas completa

Sigo pensando que antes la vida era más divertida, que teníamos más sueños, muchos más sueños.  El consumismo y la vida ajetreada nos invadieron: hoy los niños no saben qué pedirle a Santa porque todo lo tienen (o casi todo); porque los padres no quieren que los hijos pasen las carencias que ellos tuvieron, pero no piensan que esas mismas carencias fueron las que impulsaron a nuestra generación a salir adelante. Si tan sólo pudiera retroceder el tiempo, desearía que las nuevas generaciones tengan todo eso que antes sobraba y ahora no existe: sueños, deseos y ganas de brillar.

Nota de C4: Esta nota es un verdadero viaje en el tiempo que arranca la nostalgia del corazón y nos cuestiona. La vida actual, con sus ventajas y adelantos de comunicación también ha dejado en vacío en el tejido social. Debemos recuperar la vida real y salir de las pantallas para experimentar en carne propia la vida.

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