Algo grave está pasando en la sociedad, cuando para el común de los mortales, sus dirigentes políticos se convierten en un problema.

Por Ramón Cacabelos / Adaptación de C4

A falta de un nuevo orden social, de un nuevo modelo de gestión de lo público, y de un sistema económico equilibrado, nos queda el recurso a la reflexión y la apelación a una regeneración moral de los líderes políticos, con la denuncia responsable de quien otorga el poder y autoriza al gobierno a través de los comicios electorales. De ahí la pertinencia de estos “Consejos a un presidente”, aún a sabiendas de que quien realmente los necesita, los despreciará y hará caso omiso, porque todo tonto bautizado por las urnas, pierde repentinamente la capacidad de escuchar y ver.

Presidente, alcalde o diputado, en proyecto o en decadencia.

Si usted es un político santificado por las urnas, en el altar del poder, permítame dedicarle unas líneas con el ánimo de poner en su conocimiento lo que los mortales, sin cetro ni corona, esperamos de nuestros líderes, de aquellos en cuyas manos depositamos lo que es nuestro.

  • Lo primero que tiene que tener un político es conciencia de servicio. Está donde está, para servir a quien le ha votado y a quien no le ha votado. Usted es representante de todos, no sólo de sus acólitos. Usted nos representa a todos y de Ud. esperamos espíritu de servicio, ejemplaridad, honestidad, austeridad, liderazgo y eficacia. Usted ha elegido un camino que le aboca a luchar por una sociedad mejor. El objetivo es loable, el destino incierto. Está sometido al capricho de muchas vicisitudes, variables incontrolables y factores ajenos a su capacidad de maniobra, aunque el elemento principal es Ud. mismo y el digno ejercicio de su cargo. “Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa”, decía Demócrates.

 

  • Tenga cuidado con quien se alía, a quien vende su alma, con quien fabula, en quien deposita su confianza, con quien duerme, a quien designa para puestos clave, a quien contrata para asesorarle. Los gobernantes más ilustres han tenido círculos pequeños y horizontes externos amplios.

 

  • Cuídese de los que dicen “amén” a todo y se pasan la vida alimentando su egolatría, para comprar sus favores. Serán los primeros en apuñalarle por la espalda; serán los primeros en abandonarle cuando no puedan disfrutar de sus victorias. Nunca les crea del todo. A ellos no les interesa que Ud. encuentre nuevas compañías, escuche nuevas voces, le nutran de nuevas ideas o le enciendan luces de futuro. Muchas cosas y personas que a usted podrían beneficiarle, serían un atentado contra los que han montado la tienda a la sombra de su figura.

 

  • Escuche a los distantes. La equidistancia política e ideológica es como un telescopio con gran angular que permite ver lo que no quieren mirar sus termitas. Vea sin mirar y escuche sin oír. Los equidistantes debieran ser como un fulcro en su balanza, como un referente de equidad.

 

  • No desprecie a los que no piden nada, a los que no rinden pleitesía, a los que respetan el silencio, a los que tienen sentido de estado creando futuro con su trabajo, a los que no se esconden en las ideologías, a los que cultivan la simiente de la sabiduría (aunque no piensen como usted, aunque le aconsejen que los ignore). Le serán más útiles que los dogmáticos babosos que viven del favor ajeno y de la concupiscencia. Rodéese de los mejores. Es imposible que una sola persona sea capaz de abarcar todos los frentes de la vida pública o entender con suficiencia los diversos problemas que afectan a la sociedad. Necesita tener a su lado el complemento perfecto, el símbolo de la fidelidad, las mejores cabezas, los más innovadores, los menos influenciables ante los cantos de sirena de la tentación, los más valientes, los que se visten por la mañana con el traje del deber y se ponen por la noche el pijama de la responsabilidad, los que dan testimonio con su vida y no con su lengua.

 

  • En su corte (o rosca), se infiltrarán oportunistas y aprovechados, supervivientes camaleónicos que han flirteado con sus predecesores en beneficio propio. Esté prevenido frente a los que sirven (o han servido) a varios señores.

 

  • En las alcantarillas del Palacio, del Congreso o la Municipalidad se esconden harpías que sólo aspiran a verle pasar, a que llegue el siguiente, instalados en el inmovilismo de lo vitalicio. Burócratas y tecnócratas son máquinas expendedoras de servicios en el aparato de la administración, para quienes usted es sólo un inquilino temporal. Decía Manuel Fraga Iribarne que “en política todas las victorias son efímeras, y todas las derrotas son provisionales”; pero el subsuelo del poder está sembrado de minas colocadas por los permanentes, por los que tiran la piedra y esconden la mano, por los que ocultan su rostro tras las cortinas del cargo, sin exponerse, por los que compran voluntades, por los que engrasan la máquina de la locomotora tributaria; todos ellos buscarán en Ud. un caudillo utilizable o un caudillo mutilado. Los inútiles a los que alimenta con su victoria electoral, no pueden ayudarle a pensar como un hombre de Estado, porque ellos viven la preocupación del momento, centrados en su propia supervivencia, con la mirada fija en la próxima confrontación electoral. Para ellos, el futuro es sólo presente. Cuando usted se vaya, ellos dejarán de existir y nadie les echará de menos; pero a usted le juzgará la historia, para bien o para mal.

 

  • Abra la ventana y respire aire fresco no infectado por la ideología o el vicio de la conveniencia. Si desea que la historia le respete, salga de la ciénaga en la que se instala el poder. El líder está condenado a la soledad si, quiere conservar su pureza; tiene que saber nadar en mar abierto.

9)  Un hombre de honor es aquel al que reconocen por el cumplimiento de su palabra. Decía Aldous Huxley que “cuanto más siniestros son los designios de un político, más estentórea se hace la nobleza de su lenguaje”. Tome ejemplo de Abraham Lincoln, entre cuyos pensamientos había uno que rezaba: “Hay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacerse es no despegar los labios”. La gente llana, la gente de buen corazón, detesta oírle hablar mal de sus adversarios, hacer promesas incumplibles, profetizar éxitos de calamidad, abusar de la desgracia para obtener ventajas, lo que la gente quiere es que hable el líder, el ser humano comprometido, el capaz de penetrar en el corazón de sus paisanos para explicarles sus ideas, su forma de hacer frente a la realidad económica, social, laboral, educativa, sanitaria, industrial, judicial e internacional de la gran aldea global en la que vivimos.

10) Usted ya es presidente, diputado o alcalde, por eso ya no toca hostigar, remover el lodo de la charca preelectoral, enardecer a sus huestes. A usted le corresponde ahora apacentar a un rebaño que desea confiar en su pastor.

11) Tiene que saber ahuyentar a los lobos y a las alimañas. Tiene que saber conducir, proteger, administrar, instruir, y ejemplarizar.

12) Un ciudadano no es un voto; es un ser humano que deposita su confianza en usted, que paga su sueldo y el de sus colaboradores con sus impuestos, que a cambio, le pide responsabilidad y eficacia.

13) Un país no es un cardumen de peces asustados a los que se les bombardea con consignas para que caigan en la red de sus promesas. Un país es el mar; y usted, como mucho, es un simple pescador que vive de lo que el mar quiera darle.

14) Adórnese de virtud para cosechar bondad, comprensión y respaldo a sus decisiones. Mantenga la confianza siempre un peldaño por encima de la suspicacia. No ponga su palabra en boca de quien no sabe hablar ni su pluma en manos de quien no sabe escribir. Predique con el ejemplo y cobre con la misma moneda con la que paga. No use su posición de privilegio para ofender, desterrar, arruinar, destruir o exterminar.

15) No prohíba, presidente, eduque, conciencie, sensibilice, pero no prohíba. Las políticas punitivas son propias de los que para gobernar necesitan del castigo y la fuerza con el fin de imponer sus ideas. Controle a sus perros para que no muerdan la mano de quien les da de comer.

16) No judicialice la política ni politice la justicia; ambos vicios generan descrédito y conducen al ostracismo (ganado a pulso por jueces y políticos). No caiga en la tentación de llevar a los tribunales a sus enemigos o a aquellos que no comulgan con sus preceptos, para desacreditarlos y destruirlos; tarde o temprano le pasarán por el filo de la misma espada.

17) Un servidor público tiene que ser valiente, firme y convincente en sus decisiones, sin renunciar nunca a la flexibilidad de la inteligencia.

18) El poder en exceso intoxica, lo importante de su historia personal no es como empieza, sino como acaba. Lo normal es que emerja con laureles y acabe con cenizas, como ha ocurrido con todos los presidentes de la Guatemala democrática, inmisericorde con todos sus líderes. No olvide que los mortales sufren amnesia para pagar el éxito ajeno y tienen una memoria prodigiosa para cobrar la venganza.

19) La única recompensa del líder puro es la tranquilidad de su conciencia; el reconocimiento lo dará el tiempo, cuando algún anónimo agradecido ponga flores sobre la lápida de su tumba.

20) La frescura está en el exterior, no en las estancias lúgubres de su “rosca”, donde conspiran aquellos a los que nunca debiera dar crédito para no caer como una mosca en su telaraña. Mire hacia afuera. Otto von Bismarck, fue quien delineó la frontera entre el político y el estadista: “El político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación”.

Hoy, el mundo no es de izquierdas ni de derechas, sino de los que tienen de más y de los que tienen menos; un desequilibrio estable que pocos quieren cambiar

Condensado por Redacción de Revista C4 / Publicado en: http://gen-t.es/res-sacra-consilium/146-consejos-a-un-presidente