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Las frustraciones de un periodista y catedrático… por Richard Shaw

En mi vida profesional me desempeño como periodista, catedrático y asesor en comunicación… En cada una de mis facetas profesionales he aprendido a involucrar los avances de la tecnología.

Lejos están los días de la máquina de escribir, el corrector y el diccionario. El peso del equipo necesario para una entrevista hoy se reduce a un celular y el rotafolio, los carteles y las fotocopias que usaba en mis clases hoy son historia frente al proyector, las presentaciones de power point, las plataformas digitales de la Universidad y las redes sociales académicas.

Por Richard Shaw

A pesar de todo lo bueno que me da la tecnología, veo con recelo como la facilidad de obtener la información, va formando mentes perezosas y sin profundidad de pensamiento.

Antes los estudiantes nos empeñábamos en leer, memorizar y entender, pero ahora todo está en Google, en Wikipedia, en sitios como “El Rincón del Vago” y “Buenas tareas” y si la cosa esta muy difícil hay miles de tutoriales en youtube.

La educación moderna va hacia el mundo digital y eso es fantástico, pero no debemos olvidar que la mejor computadora es nuestro cerebro y nuestra capacidad real radica en saber usarlo de manera eficiente y productiva.

 

Mi querida hermana Silvia, quien comparte conmigo la inquietud de la tecnología y sus alcances en la sociedad, me ha compartido una bella reflexión que se podría aplicar en cualquier Universidad y se trata de la carta que presente el periodista y académico uruguayo Leonardo Haberkorn quien renunció el año pasado a seguir dando clases en la carrera de Comunicación en la universidad ORT de Montevideo, mediante una carta que ha conmovido al mundo de la Educación y que hoy quiero compartir un fragmento con usted amigo lector.

 

Haberkorn escribió: “Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez.

Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron.

Me rindo. Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies. Claro, es cierto, no todos son así. Pero cada vez son más.

 

Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 90 minutos –aunque solo fuera para no ser maleducados- todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. “Pero hay algo cierto, muchos de estos jóvenes no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es lo que hacen.

 

Además, cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado.

Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante entre 20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico y el resto no tenían ni la más mínima idea.

Les pregunté si conocían quién es Almagro. Silencio. A las cansadas, desde el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿No era el canciller? .Así con todo. ¿Qué es lo que pasa en Siria? –Silencio-.

 

¿Qué partido es más liberal, o está más a la “izquierda” en Estados Unidos, los demócratas o los republicanos? –Silencio-. ¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí! “¿Alguno leyó alguno de sus libros? -No, ninguno. Lamento que los jóvenes no pueden dejar el celular, ni aún en clase.

 

“En un ejercicio en el que debían salir a buscar una noticia a la calle, una estudiante regresó con la noticia de que todavía se venden diarios y revistas en las calles.

 

¿Que les fueron matando la curiosidad?.  Con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo.

Entonces, cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia. Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante” Así termina la carta de Leonardo Haberkorn.

 

Comparto el sentir de este catedrático, pues la invasión tecnológica es latente en todas nuestras áreas de acción y es por eso que el reto como padres, profesores y periodistas es hacer conciencia en que la tecnología nunca suplantara la inteligencia.

 

“Me cansé de pelearle a los celulares, el Whatsapp y el Facebook” dijo el periodista y académico Leonardo Haberkorn,  Los educadores deben luchar y tratar de combinar la tecnología con el cultivo del pensamiento crítico.