La realidad supera todas mis horribles pesadillas, la realidad supera la ficción, ¡lo que no vemos, es peor!

Por Richard Shaw

Pensar en los problemas del mundo, nuestro país o nuestra ciudad, es una tarea diaria para el periodista.  A veces, creemos que tenemos un buen tema o que estamos descubriendo el agua azucarada. Los comunicadores, algunas veces sin saberlo, apuntamos sólo a la punta del iceberg, sin ver la enorme masa que está debajo del agua.  Señalamos con feroz certeza, la llaga en un dedo y no vemos que todo el cuerpo está podrido.

Cada mes, cuando me siento frente a la computadora, con la idea de comentar o tal vez, vanidosamente, de orientar con mi opinión a los que por casualidad o costumbre me leen, me encuentro con que vivimos en medio de un “exceso de realidad”, trato de ponerme en el lugar del lector y me pregunto ¿qué tanta porquería puede aguantar un ser humano?, ¿cuánta podredumbre somos capaces de digerir en cuanto a la información mediática y la degradación social que se nos presenta?

No me sorprende ver, cómo en los medios masivos de comunicación, mientras más amarillistas y crudos, en cuanto a la presentación de sus noticias, tienen más aceptación; pero ante la inundación de un realismo negativo, el análisis, la opinión propositiva y la reflexión, juegan un papel importante, pues los hechos delictivos que sepultan nuestro ánimo de vivir, florece ante un mensaje diferente.

Lo que está detrás de bambalinas es peor de lo que podemos ni siquiera imaginar.  Las oscuras redes que tejen silenciosamente los poderes ocultos que manejan el mundo, juegan con la vida y la muerte, sin el menor escrúpulo.  Nuestra bella Guatemala no es la excepción de la regla, pues aquí los destinos de esta tierra, se deciden entre finísimos licores y manteles elegantes, que visten la mesa de la rancia oligarquía.  “Así fue antes, así es ahora y así será en el futuro”, me decía con desconsuelo mi querido amigo Arturo Amiel.  Esta cruda realidad se mantiene oculta, silenciosa y oscura ante los ojos de la masa que se encandila con las noticias del día a día.

Protestas, señalamientos y capturas, son sólo el circo que distrae al ciudadano que vive pendiente de su siguiente plato de frijoles, mientras que unos pocos, en aras de mantener el “status quo”, juegan con la vida y la muerte de todo un pueblo.

Ya sé que para muchos, esto no es nuevo y tal vez esperarían de mí una acusación ácida en contra de algún funcionario corrupto o tal vez un sesudo análisis de la coyuntura política.  Sin embargo, hoy me siento ahogado por la supra realidad que nos domina, estoy iracundo por el poder detrás del trono, por el monje negro que teje las  trampas de la política nacional. Me siento acongojado por la impotencia generalizada de mi pueblo, estoy asqueado por la traición diaria de los políticos que le fallan a los ideales que proclaman, me siento con rabia ante la arrogancia de los que manipulan el poder a su sabor y antojo.

Y ante esta frustración y sentimiento de impotencia, quisiera que tan sólo por un momento, los guatemaltecos pudiéramos abrir los ojos y darnos cuenta de que el principal enemigo está justo frente al espejo, en nuestra indiferencia, en nuestra mediatización, en nuestra aceptación de la mugre que nos domina; en el silencio, en la complicidad, en la pequeña corrupción que a veces permitimos o provocamos.

Los malos están unidos, ellos tienen el poder.  Los buenos son más, pero dejan minar su voluntad y se conforman con las migajas.

Amigo lector lo invito a que este 2017 sueñe comparta conmigo el sueño de un país POLITICAMENTE libre, SOCIALMENTE justo y ECONÓMICAMENTE independiente.

Protestas, señalamientos y capturas, son sólo el circo que distrae al ciudadano que vive pendiente de su siguiente plato de frijoles, mientras que unos pocos, en aras de mantener el “status quo”, juegan con la vida y la muerte de todo un pueblo.