En el gobierno todo es pisto y para eso,  Juan Francisco Solórzano Foppa  jefe de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), necesita recaudar más impuestos. ¿Cómo lo puede hacer? ¿Quién debe pagar más?

Por Richard Shaw

El principal producto de exportación de Guatemala es la pobreza. Somos una inmensa fábrica de pobres. Muchos guatemaltecos en su desesperación por sobrevivir, se convierten en inmigrantes y lo irónico es que esos pobres son la fuente del 65% de las divisas que recibe el país.

Guatemala necesita producir riqueza, es necesario que se implemente un capitalismo moderno que funcione para todos sin olvidar la solidaridad y el bien común.

Todas las necesidades se cubren con dinero, y para conseguirlo, el superintendente de la SAT, Juan Francisco Solórzano Foppa y su equipo, tienen que apretar algunas tuercas en el sistema de recaudación. El tráfico de influencias y los favores políticos han producido privilegios fiscales nocivos para el país.

La historia se repite

Un amigo me explico la triste situación de la SAT, con una curiosa anécdota que dice así: “Cuentan que en los tiempos de los últimos reyes de Francia, antes de la Revolución Francesa, durante el “despotismo” cuando el rey era “el Estado”, un recaudador de impuestos se acercó a su rey, con la nueva propuesta para aumentar la recaudación de impuestos.

El recaudador proponía cobrar más impuestos a los ricos del reino. Entonces el rey, muy complaciente, viendo la ingenuidad de su subordinado le dijo: “No, mi querido súbdito. A los ricos no. Casi todos son mis amigos y si los enojamos ya no me van a invitar a fiestas, viajes, bautizos, pachangas, etc.

Todos ellos y nosotros somos gente bella, y no les podemos hacer eso. Además ¿Cuántos ricos hay en el reino? ¿Cuánto más podríamos recaudar? No, no, no. Eso ni pensarlo. Además, ellos tienen dinero y el poder y se nos pueden marchar a otro reino llevándose todo. Pero te lo agradezco y perdono, porque no tienes el conocimiento que yo tengo”. Se fue el recaudador, agitado a preparar una nueva propuesta.

Cuando se la presentó al rey éste dijo: “¿A los pobres? Noooooo, mi querido súbdito, tampoco. A esos ¿de dónde les podemos sacar impuestos? Apenas tienen para comer. Además muchos de ellos son pobres por flojos, por ignorantes, por viciosos; nunca saldrán de su pobreza. No, con ellos no te metas. Déjalos como están. Así viven contentos y tranquilos; sin ambiciones. No hay que alborotarlos. Además, son los que votan.

Entonces el subordinado ya todo desorientado le preguntó al rey: “Entonces, su majestad, oriénteme, ¿Qué me sugiere para poder recaudar más impuestos para la corona?” Y el rey le dijo: “Cóbrales más a los de la clase media, a los burgueses, a los profesionales, a los comerciantes, a los académicos, a los científicos, a los músicos, etc. A esos sí”. Y el recaudador contestó: “Pero su majestad, a ellos ya les estamos cobrando impuestos. A ellos siempre les aumentamos los impuestos. Se van a enojar”. Y el rey le contestó: “Es posible, pero la clase media tiene algo que las otras clases no tienen: tienen sueños y ambiciones. Su mayor sueño es ser ricos algún día. Y por lo mismo, estudian y estudian; trabajan, trabajan, y trabajan. Y sí, se van a molestar por tener que pagar más impuestos, pero su sueño será superior a su enojo, y por lo mismo van a seguir estudiando, estudiando y estudiando, trabajando, trabajando y trabajando, con la ilusión de llegar a ser ricos algún día. Pero tampoco nos conviene que lleguen a ser ricos porque luego, ¿Quién pagaría impuestos?

Por esas razones, a ellos hay que cobrarles más impuestos. Recuerda, los pobres votan, la clase media paga impuestos y los ricos son los dueños de todo lo que tenemos, ellos nos untan la mano y nos invitan a sus fiestas”.

El recaudador quedó impresionado de la sabiduría y agudeza mental de su majestad, y se fue a cobrar más impuestos a la clase media. Cualquier coincidencia con la vida actual es pura coincidencia. De esa manera terminó el relato. Yo sentí que se me retorcían las tripas de la maldita impotencia que da el saber que las cosas han sido, son y serán así.

Tengo la esperanza de que algún día, los privilegios de los más poderosos terminarán y que todos podamos vivir en una Guatemala, socialmente justa, políticamente libre y económicamente independiente.

 

Leído en: http://www.codigosanluis.com/impuestos-ni-a-ricos-ni-a-pobres/