Tengo entumecida la inspiración, en mi mente se ha enraizado la ira, la impotencia y el dolor; de mis dedos solo brotan palabras de rabia y no tengo ánimo para contar de nuevo la historia.

Por Richard Shaw

La Tragedia del Hogar Seguro Virgen de la Asunción es una llaga en el corazón de Guatemala que aún sangra, lo que ocurrió en el albergue de menores, es solo la tragedia visible de un estado fallido que navega sin rumbo.

El 8 de marzo de 2017 quedará escrito en la historia como el día en el cual el sistema colapsó, se recordará con dolor y cada día se hundirá más profundo en el olvido.

Guatemala ha perdido su capacidad de asombro, los rostros no se inmutan ante la impunidad y la injusticia. Solo números, solo estadísticas. La vida continúa y nos preparamos para el siguiente golpe y la próxima noticia que seguramente estará cubierta de sangre.

Pasa el tiempo y la historia solo se enreda más, nadie explica nada, la noticia ha sido sepultada y la cólera de momento se cubrió con la euforia de la Semana Santa o con el asombro ante la última ocurrencia del presidente Trump.

Las preguntas siguen en el ambiente y las autoridades bajan la mirada y buscan culpables mediáticos para satisfacer el morbo de la prensa de los pocos que aún tienen sed de justicia.

La tragedia inició en el 2010 las denuncias de malos tratos y abuso continuo eran del conocimiento público, hasta el Ministerio Público tenía un informe de la Comisión Nacional en Contra de la Tortura pero no pasó nada, nadie movió un dedo, las prioridades y la saturación de casos en un país que apenas palpita en el caos engavetaron la voz de alerta.

Y mientras tanto la Subsecretaría de Protección y Acogimiento de la Niñez y Adolescencia, dependencia de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia, funcionaba indiferente, con funcionarios de estreno que en su ignorancia solo aumentaron el silencio que los hace cómplices.

La enciclopedia virtual Wikipedia.org (fundamentada en reportes de prensa) describe los hechos diciendo que: “desde el 2013 existían denuncias de violencia sexual y de una posible red de trata de personas en el Hogar Seguro. Debido a las constantes fugas y a la mala calidad de la alimentación, la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) había solicitado medidas cautelares ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos desde noviembre de ese año, pero las mismas no se habían atendido.

El 2 de noviembre de 2016, la PDH verificó las deficiencias en el Hogar Seguro «Virgen de la Asunción» y alertó de lo siguiente:

  • Indicios de maltrato a los adolescentes por parte de los monitores.
  • Posibles indicios de reclutamiento de adolescentes para trata.
  • Infraestructura deficiente.
  • No se habían cumplido con recomendaciones hechas por la misma PDH en 2013.
  • Presencia de quince adolescentes varones con cargos penales pendientes que estaban en el Hogar Seguro porque estaban bajo la protección del Estado.
  • Personal de seguridad insuficiente: solamente dos agentes de la Policía Nacional Civil(PNC) y dos guardias de seguridad privada, todos varones.

Todas estas sugerencias no fueron atendidas por las autoridades competentes.

En la mañana del 8 de marzo las menores intentaban protestar por los abusos sexuales y físicos que sufrían en el Hogar Seguro, aprovechando que ese día se celebra el Día Internacional de la Mujer; pero la situación se salió de control y cincuenta y una de ella fueron encerradas en un salón de 4 X 4 m².  El caos fue aún mayor cuando un incendio se originó dentro del salón y se quemaron unas colchonetas y las jovencitas quedaron atrapadas en el salón sin posibilidades de ser rescatadas a tiempo”.

De acuerdo a los reportes, “el incendió duró varias horas y no podía ser mitigado por los bomberos, quienes tuvieron dificultad de acceso al área y a las instalaciones del Centro, por encontrarse completamente bajo llave”, concluye el informe.

Luego de leer esto me quedan las mismas preguntas que tenía el día del incendio: ¿Quién ordenó el encierro? ¿Quién tenía la llave? ¿Por qué no les abrieron? ¿Dónde está la persona que se negó a abrirles? ¿Qué y a quienes iban a denunciar? ¿Cómo evitar los abusos en otros centros de refugio para menores?…

Los hechos hablan por sí solos y la impunidad tiene como mejor aliada a la falta de memoria de los Chapines, que además se encandilan con los resultados del fútbol europeo, con el nuevo concierto, con la mama de todas bombas, con los feriados, con el Día de la Madre, en fin que ya perdieron su capacidad de asombro y que desarrollaron el maldito callo de la indiferencia.

Yo me niego a olvidar, me niego a pasar la hoja… son 41 muertes y ¡exijo justicia!