Iniciar un nuevo año nos invita a la reflexionar sobre los propósitos que cada uno tiene en la vida… Nuestras prioridades se reflejan en nuestros actos, en nuestras decisiones, en nuestras palabras y a cada momento, estamos construyendo el futuro.

En las noches de insomnio, los recuerdos asaltan mi mente y empiezo a divagar en el pasado, evaluando las decisiones que tomé, las oportunidades que aproveché y también las que perdí.

Sueño despierto, tratando de adivinar qué hubiera sido de mi vida si hubiese tomado una decisión diferente o si hubiera dicho “no” en lugar de “sí” o viceversa.

Al recorrer mis recuerdos, no encuentro arrepentimiento, y es que de cada error he aprendido. El pasado me llena de nostalgia por los amigos, por los momentos irrepetibles y por la Guatemala que nunca volverá.

Con mis 50 y pico de años, tengo un archivo inmenso de anécdotas y experiencias, que son mi tesoro personal, y el “back up” emocional que me da luz para vivir. En mi pasado, está escrito el ADN de mi corazón y el mapa intelectual de mi razón.

Sin perder la esencia

A pesar de mis años, me doy cuenta que del joven impetuoso y rebelde, todavía quedan rastros visibles que asoman en momentos de inconformidad y lucha, son los arrebatos que sin calcular las consecuencias, me hacen auténtico y menos acartonado, capaz de enfrentar al monstro de la corrupción, el favoritismo y la impunidad, aún sabiendo que no voy a ganar o que llevo las de perder o que incluso, estoy sobre reaccionando y poniéndome en peligro…

A veces, sencillamente no puedo agachar la cabeza y sumisamente aceptar la injusticia, y contradiciendo la razón, intento marcar la diferencia.                                  Aceptar, ser dócil y llevadero  sería traicionarme ¡y eso jamás!…

Entre la estrategia y los principios

La madurez nos ayuda a frenar los ímpetus y a calcular los efectos de las acciones, incluso aquellas con las cuales estamos destinados a sufrir o perder.

Recientemente, reaccioné de manera muy airada en contra del abuso de autoridad del cual fue víctima una persona muy cercana, en ese momento, calculé los peores escenarios, evalué las diferentes estrategias para lograr la justicia, consideré el alcance de mi poder de convencimiento, de injerencia y las posibilidades reales de que, con mi tremendo alboroto, pudiera cambiar algo.

Mi conclusión fue que estaba en franca desventaja y que definitivamente, no iba a cambiar nada de lo que por años, estas personas venían haciendo. Pero dentro de mi corazón, mis prioridades eran otras, ya que aunque quería justicia y cambio, para mí, lo más importante, era demostrar mi solidaridad y amor a esa persona que de verdad me importa, aún por encima de las consecuencias y además, sentar un precedente de protesta.

Bien decía Mahatma Gandhi: “Lo peor de las cosas malas, es el silencio y la indiferencia de las gente buena”.

La venganza es un plato que se come frío…

No creo en las venganzas elaboradas y malignas, esas cosas desgastan la vida, la amargan y le quitan sentido a la existencia misma. Considero que lo que uno siembra, cosecha y que la ley del “KARMA” (Ley de acción y reacción, que controla el Universo), le da a cada uno, lo que merece. Se puede tener poder, privilegios o dinero, y a al mismo tiempo, ser corrupto, traidor y miserable…

Prioridades  claras = decisiones fáciles

En este nuevo año, mi principal propósito es vivir con más intensidad, espero renovar antiguas pasiones intelectuales, físicas y emocionales. Voy a dedicarles más tiempo a las personas que amo, y entre ellas, especialmente, a mí…

Me voy a preocupar de cosas más importantes y desecharé los cachivaches mentales que me hacen estorbo. Voy a aceptar a la gente como es y me alejaré de los que no aportan nada positivo a mi vida y cuya visión contaminada, nubla cualquier paisaje.

Lucharé por lo que creo justo, lo haré con pasión y sin miedo a perder, pondré cada batalla en las manos de Dios, así podré aceptar con tranquilidad el fracaso o la victoria.

En este 2018, estoy renovando mis votos de amor por la vida y de fidelidad a mis sueños…  Le pido al creador tener la fuerza para cambiar lo que es posible cambiar, humildad, para aceptar lo que no puedo cambiar y sobre todo, la sabiduría para reconocer la diferencia.

A todos los que me apoyaron a lo largo del año recién pasado, les agradezco de corazón su solidaridad.

Gracias amigos y enemigos, por estar allí y ser un condimento en mi vida…