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Las pandemias de la globalización neoliberal

El desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes.
Las venas abiertas de América, Eduardo Galeano

Por: Sergio Barrios Escalante

Según los especialistas, el coronavirus y sus diversas cepas tienen muy baja letalidad (de un 2 a 3 % entre los afectados), y se reitera con harta frecuencia que hay muchas otras dolencias que a diario causan mayor mortandad que el COVID-19.

Ello es cierto, pero lo que pocas veces se observa es que el neoliberalismo global, cristalizado bajo la forma de esquemas y políticas económicas y sociales restrictivas, aplicadas y extendidas por todo el planeta, ha creado un fabuloso «caldo de cultivo» favorable a la ocurrencia de una enorme cantidad de condiciones pandémicas, que subyacen debajo de emergencias médicas y van desde la miseria y extrema pobreza hasta el abandono y precariedad en los sistemas sanitarios, en las redes de salud pública ante todo.

En otras palabras, el coronavirus no ha venido a matar en masa como cualquier otra pandemia. En cambio, ha venido a desnudar las deprimidas condiciones socioeconómicas que imperan en extensas zonas del planeta (incluyendo a múltiples zonas geográficas en los propios EE. UU.), como resultado de varias décadas de imposición de restrictivas políticas económicas estatales en beneficio del mercado y del sector financiero.

En esencia, estas políticas han precarizado las conquistas sociales básicas del otrora llamado «Estado de bienestar», donde una vez lo hubo, y han acentuado su debilidad crónica en el sur «tercermundista», donde esta situación se expresa en la forma de desfinanciamiento o supresión total o parcial de planes y programas de atención social estatal.

El neoliberalismo, la madre de todas las pandemias

Como se sabe, durante no menos de 40 años (desde los años 80), en extensas zonas del mundo se han venido implementando drásticas políticas de «ajuste estructural», privilegiando el bienestar y ventajas para el sector privado y el mercado a costa del debilitamiento sistemático e integral de los Estados y sus principales instituciones públicas, en particular, los sistemas educativos, sanitarios, de seguridad y protección social y de preservación del medio ambiente en general.

Producto de ello, hoy tenemos un amplio abanico de condiciones favorables al surgimiento de diverso tipo de catástrofes medioambientales de alcance global, desde el cambio climático hasta pandemias, fenómenos de criminalidad internacional, gigantescas oleadas migratorias y degradación social e institucional entre otras.

Condiciones patógenas de la degradación de las instituciones públicas estratégicas

Bajo la lógica neoliberal de reducir drásticamente la inversión social pública, en favor de políticas privatizadoras de servicios elementales de atención social, se ha producido un impactante abandono en los sistemas de salud pública, de educación, en los regímenes estatales de seguridad social y de pensiones, en los sistemas penitenciarios y/o carcelarios, en los sistemas de acceso a servicios públicos básicos (agua potable, saneamiento, tratamiento de residuos líquidos y sólidos, entre otros).

Solamente en Estados Unidos, alrededor de 37 millones de personas carecen por completo de un seguro médico –estatal o privado– Tal y como lo reportan Amy Goodman y Denis Moynihan, muchas de estas personas laboran en el servicio de atención a pasajeros de los principales aeropuertos del país, y deben enfrentarse día a día a los riesgos de infección viral sin que ellos mismos tengan acceso a servicios de atención médica.

¿Cómo puede atenderse debidamente esta o cualquier otra pandemia global si en uno de los países centrales del sistema internacional (EE. UU.), hay 37 millones de personas que no pueden tener acceso a una prueba médica viral?

Por desgracia, lo que sucede en Estados Unidos ilustra con cierta fidelidad lo que ocurre en otros países bajo su influencia política. En el 2018, Trump disolvió el equipo de respuesta a pandemias de la Casa Blanca y recortó fondos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades.

Virus y geopolítica imperial

Por otra parte, por definición, una pandemia es una emergencia sanitaria global. ¿Cómo puede enfrentarse adecuadamente si en medio de tal emergencia una de las potencias con más recursos decide dejar a un país/región entero en completo abandono y sin apoyo sanitario externo?

Porque eso es lo que ha hecho Trump, al ordenar que se interrumpa por completo la asistencia con medicamentos y tecnología médica a Irán, país con el cual mantiene una tensa pugna geopolítica, precisamente una de las naciones más golpeadas en el número de muertos e infectados por la actual pandemia viral.

Se imponen los intereses geoestratégicos y geopolíticos por encima de los humanitarios. Cosa similar ocurre en los sistemas penitenciarios. En aquellos países en donde estos no han sido privatizados, han sido semiabandonados y precarizados. Lo estamos presenciando ahora mismo en Italia, donde a raíz de la presente emergencia viral, se han producido y multiplicado violentos amotinamientos carcelarios en protestas ante las extremas condiciones de hacinamiento.

Similares condiciones de hacinamiento extremo enfrentan millones de personas en campamentos de refugiados, como los uigures, que están detenidos en campamentos en el oeste de China (región de Xinjiang), y entre quienes se han confirmado al menos trece casos de coronavirus (Ibíd.). Similar situación de riesgo enfrentan migrantes detenidos en Seattle, Washington, muy cerca de donde surgió el primer brote viral de COVID-19 en Estados Unidos.

Al igual que EE. UU., países del medio oriente también anteponen sus intereses geopolíticos a los humanitarios, dañando cualquier efectividad a la movilización internacional en respuesta a la actual emergencia sanitaria. Desde hace meses se ha reportado la retención arbitraria de vehículos de transporte médico en algunas zonas apartadas pobladas por palestinos (como Masafer Yatta, en el sur de las colinas de Hebrón), a quienes, en diversas ocasiones, se les ha privado de la única ambulancia disponible para ellos.

El fantasma de la recesión

Ejemplos de situaciones y reacciones paradójicas similares a las arriba citadas podrían multiplicarse al infinito. El capitalismo global en su versión extrema neoliberal está intrínsecamente imposibilitado de enfrentar con efectividad esta o cualquier otra pandemia, sin retomar de nuevo el papel central y clave del Estado. La supuesta «posmodernidad» es una falacia. Mercados fuertes con Estados débiles solo nos retrotrae a la prehistoria.

Como una serpiente que se muerde la cola, todos estos males que el modelo neoliberal global impone solo generarán males aún mayores, como ya lo empezamos a experimentar con la más reciente crisis de la bolsa de valores en los principales mercados bursátiles del mundo (el lunes negro del recién pasado 9 de marzo), la abrupta caída en los precios internacionales del petróleo, la súbita pérdida de valor de muchas monedas latinoamericanas y del precio de otras commodities o materias primas de exportación. Ante esta realidad, hoy más que nunca, el papel central del Estado en la vida social y económica de las naciones es irrenunciable.

Solamente en Estados Unidos, alrededor de 37 millones de personas carecen por completo de un seguro médico

Se imponen los intereses geoestratégicos y geopolíticos por encima de los humanitarios

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