Las Mafia$ chapinas

Captura

Empresas blancas que sirven de fachada para el crimen organizado, sociedades anónimas de la corrupción, organizaciones no gubernamentales de latrocinio solapado, logias nefastas de funcionarios de alquiler, club de ladrones con pasaporte a la inmunidad, manada de chacales disfrazados de banqueros, rebaño de comunicadores dominados por los monopolios, mascotas judiciales entrenadas para obedecer, una fauna de payasos que perdieron su identidad en la ilusión de las cuentas bancarias…así son nuestras mafias, así es la “cosa nostra chapina”, y así convivimos, en medio de una pandemia de corrupción institucional…

Por: R. Shaw

Somos un país sobre diagnosticado, todos en el mundo intelectual tienen una fórmula para  salvar al país, hay estudios de todo lo que a uno se le pueda ocurrir, sin embargo, hay cosas que el método científico no puede asimilar, no puede digerir y esa es la realidad mágica y oscura de nuestra sociedad.

Los científicos sociales y economistas extranjeros caen rendidos ante la abrumadora realidad de nuestro Estado, que sin ser declarado fallido, actúa como tal  y funciona como tal.

Dominación histórica.

Desde los tiempos pre independencia,  grupúsculos adinerados han dominado nuestra escena gubernamental y hoy, Guatemala está funcionando en medio de intereses económicos y criminales.  Las mafias están metidas a todo nivel y  se reproducen como larvas intestinales, que corroen desde adentro las entrañas del país.

La mafia empresarial

Tanto el pequeño evasor y contrabandista, como los poderosos e intocables ladrones de cuello blanco que señalan con furia la corrupción estatal, son los que solapadamente ríen  provocando el caos en la clase política. La prensa nacional se ensaña contra ladroncitos de vuelto, cuando los crímenes flagrantes y multi millonarios de los bancos y financieras siguen impunes, el silencio ante los muy respetables evasores de impuestos es sepulcral, y pretender que se haga una investigación fiscal a la súper cúpula,  sería fatal para la vida política o periodística.  Esta mafia se extiende como una cultura, pues ante la impunidad, queda la aceptación resignada y la obvia superioridad ante la ley. Todo tiene precio, todo se compra, todo se vende y entre estafa, venta de facturas, evasión del IVA, incentivos fiscales negociados, apoyo político condicionado y comisión por obra, los dignos y muy reconocidos empresarios están carcomiendo al país, sin entender que ellos mismos están asesinando a la gallina de los huevos de oro, no entienden en su soberbia y ambiciosa actitud, que la pobreza no es un buen negocio para nadie. No hay corrupto, si no hay quien pague… Cada gremio tiene su mafioso, hay médicos con habilidades de carnicero y entrañas de banquero, que hacen cirugías a cambio de favores sexuales, que se auto nombran salvadores, enfermando a propósito, cobrando de más, recetando innecesariamente. Proveedores de la salud, que se enriquecen con la sangre y el dolor humano. También hay gente buena y honesta que trabaja, cree y produce con legitimidad en Guatemala, a estos pocos, mis respetos…por eso digo: “Al que le caiga el guante, que se lo plante”

La neo mafia criminal

Los asalta bancos, secuestradores, roba carros, lavadores, testaferros, contrabandistas, narcos y mareros, han adoptado las prácticas y fachada de los empresarios, pues viendo con agrado la impunidad de sus clones de guante blanco, han penetrado las estructuras del Estado bajo el lema de equidad, es decir “untar la mano de todo el mundo”, y en ese fiambre vemos cómo desde el pago de una extorsión, hasta la venta de un gramito en la zona viva y la talacha carcelaria, salpica a los funcionarios de todos los niveles, pues si no hay aceite, no camina la rueda de la mafia criminal. La explotación infantil, la trata de blancas, el narcomenudeo y el narco-flete son industrias pujantes que también untan la mano, sin dejar más huella que la absurda riqueza.

La mafia laboral del Estado

Con los escrúpulos y limitaciones que podría tener “un moco”, algunos funcionarios públicos, se dedican a ser facilitadores del crimen, pero otros, con mayor dizque dignidad, se complacen en entorpecer el crecimiento del Estado, succionando sin piedad hasta la última gota de la sangre de sus instituciones. Vemos plazas fantasmas, asesorías innecesarias, direcciones generales, departamentos técnicos y demás oficinas estatales, con una sobre población aberrante. Sindicalistas que han hecho de las conquistas laborales un negocio personal, funcionarios con salarios desproporcionados. Lentitud, ausencia de iniciativa, cinismo  y una crisis de valores y dignidad, que no nos dejan más alternativa que vivir arrodillados ante el poder absoluto de la burocracia de medio pelo, que sin mucha bulla huevea y desfalca al Estado, mientras que carcome sus entrañas y corrompe al que llega con nuevas ideas y quiere medio cambiar las cosas.

La mafia ONGera

No se diferencia en nada de las sociedades anónimas, se crean y deshacen con la misma facilidad con que se cambia un calcetín, son idealistas en el papel pero mercantilistas en el corazón, algunas parasitan del extranjero, otras roban, malversan fondos, sobre valoraran obras, favorecen proveedores y lavan dinero.  Pero la aureola de dignidad civil que las acompaña, les permite vivir sin temor a las auditorías y al escarnio público.

La mafia partidaria y militar

Estos especímenes que sirven de alfombra a los intereses de las mafias anteriores, se organizan a sí mismos, a manera de  no permitir que ninguno que no sirva a sus intereses o a los intereses de sus amos, pueda sobrevivir dentro de la jungla de sus organizaciones. El aislamiento,  el destierro, el favoritismo, la calumnia y la amenaza, son sus armas preferidas. A veces socios, a veces sólo choleros, pero nunca afuera. Son parte de la mafia o la sirven con esmero.

Los choleros

Cada mafia, por pinche que parezca, tiene sus  respectivos “choleros”. Es decir, sirvientes remunerados. Estos individuos sólo reciben su pago por hacer labores operativas, agilizar una factura, adelantar un pago municipal, firmar un certificado, multar a un enemigo, asustar a un competidor, vapulear a un informante, escoltar mercancía, callar, agrandar o provocar noticias, culpar, lavar la cara o desviar la atención de la opinión pública, obviar una inspección aduanera, cobrar unos chequecitos, cambiar dolaritos, en fin, puras nimiedades mafiosas  que alguien tiene que hacer. Esta es la parte más baja de la cadena mafiosa.

Los socios

Estos hacen lo mismo que los choleros, pero además, ya participan de la planificación y la distribución de las regalías y su actitud no es la del  simple delincuente común, sino más bien se proyectan a sí mismos como empresarios dignos en línea mercantil  de la corrupción y el crimen.

Los rehenes

Estos son el eslabón final de la cadena que sirve a los intereses de las mafias anteriormente descritas,  pero que lo hacen por puro y físico miedo ya que o son muy cobardes para denunciar, o muy cobardes para contra-atacar.  Estos, aunque usted no lo crea, son la parte más grande de la organización criminal. Los rehenes tienen como característica común el problema ocular, ellos padecen de: “LA VISTA GORDA” y sufren de ataques de “QUÉ ME IMPORTISMO”, enfermedades provocadas por el temor a las represalias, es decir a perder el chance, la vida o los favores obtenidos en la institución. Esto los convierte en herramientas ideales pues sirven o cholerean sin cobrar nada.

Los intelectuales apolíticos

No quiero dejar de mencionar a los intelectuales apolíticos que son parte de esta red, sólo que más dignos y cultos. Estos cobardes, no pecan por omisión de denuncia sino por omisión de acción, y cultivan el peor de los pecados: “poder hacer lo bueno y no hacerlo”. ¡Pero eso sí, siéntese usted con ellos y arreglarán el mundo con sus palabras! y se justifican aduciendo que padecen la misma enfermedad del  ex presidente Ramiro de León: “un problema testicular de huevos tibios.”

La ley de “OMERTA”

Los códigos de honor dentro de los diferentes clanes mafiosos son inviolables y necesarios para su existencia. No se acepta la traición, el que entra ya no sale, todo se ve, todo se escucha, pero todo se calla, esta es la Ley de OMERTA, o ley del silencio, la CICIG y el MP, han roto un poco el esquema y han logrado implementar la figura del “colaborador eficaz” o “soplón oficial”, que al igual que en otros países, ha logrado abrir la puerta de las mafias institucionalizadas. Pero no es suficiente con delatar, hay que probar lo dicho y allí nos encontramos con el verdadero reto judicial.

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial
Facebook
Facebook
YouTube
YouTube