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En la política mundial hay muchas cosas que me incomodan, e imagino que a usted también. Ya no es tan fácil pensar el mundo en términos de buenos versus malos, derecha versus izquierda o blanco versus negro. La historia ha demostrado que los grises inundan los escenarios de la vida política.

Por Nancy Arellano / El Montonero

No se puede aplaudir ciegamente a un Estados Unidos con una política exterior de espanto y bombas que, en nombre de la libertad, atentan contra la soberanía de otros países. Tampoco a China con su capitalismo totalitario y el dumping social que afecta al mundo y distorsiona el mercado en nombre de la competitividad. O Corea del Norte con una política totalitaria, militarista y denigrante, que ha creado un bloque indefendible ligado a la negación de la alternabilidad o el fortalecimiento de la institucionalidad democrática, en nombre de la igualdad castrante que anula la individualidad. Tampoco se puede asentir ante la corrupción que corrompe las cimientos de la democracia como opción, o de la desinformación que carcome las posibilidades de una cultura democrática.

Nada es como está titulado. Ni la democracia que vivimos tan democrática, ni la derecha que se ha aplicado tan libertaria, ni la izquierda que se ha impuesto tan igualitaria. Los modelos absolutos están ya desfasados. Una derecha absoluta nunca ha existido ni existirá. Y una izquierda absoluta nunca ha existido ni existirá. Ambos modelos en sus extremos tocan la noción de anarquía porque apelan a un «orden natural» de la sociedad que es inexistente. Sin Estado no hay forma de reglar la convivencia, con los costos que de por sí ésta supone. Demasiado Estado ha mostrado ser ineficiente y sectario (típicamente asociado a la izquierda) y el Estado mínimo (que tampoco es que se haya adoptado) dejaría de lado su necesaria labor dentro de la creación de oportunidades para los grupos sociales que se han visto impedidos de acceder a estas por pertenecer a clases sociales bajas. Esta situación de marginalización histórica, en Latinoamérica, no es precisamente una extrañeza; es más bien una consecuencia natural de unas repúblicas que se organizaron precariamente después de la independencia. Y que han perpetuado el círculo de la pobreza en muchos lugares por falta de planificación urbana, productiva y educativa. Necesitamos un modelo que ronde transversalmente y que establezca garantías reales a la ciudadanía.

En Venezuela, por ejemplo, las propuestas de la COPRE (Comisión Presidencial para la Reforma del Estado) eran mucho más viables que el proyecto del Gobierno bolivariano, pero se les borró del panorama solo porque venían de la «mal llamada» Cuarta República. Aún cuando había propuestas compatibles con la izquierda moderna (entendiendo modernidad como contemporaneidad) y que eran producto de un consenso socioproductivo que implicó a los más diversos sectores de la sociedad

Tanto como la democracia norteamericana o el capitalismo chino de libre mercado son selectivos con los grados de libertad. El discurso de los derechos humanos ha sido manoseado desde la Guerra Fría y explotado por los bandos que dicen encarnarlo para crear un mundo, lamentablemente, cada vez más polarizado y menos dialogante. Con lo cual se anula la posibilidad de contribución y colaboración constructiva.

Acompáñeme en este análisis y hágase  estas preguntas:

¿Cuál es el proyecto democrático en el siglo XXI? 

¿Qué lógica socioproductiva tiene?

¿Qué lógica de poder que garantice la democracia en su sentido más profundo?

¿Acaso podemos ver procesos de maduración democrática?

¿O nos está comiendo el pragmatismo reactivo?

En Latinoamérica, si no se supera el modelo de Estado rentista y la improvisación, no hay evolución política alguna. Somos un mercado de más de 600 millones de habitantes y seguimos añorando acceder al nivel de países que tienen la mitad de nuestra población.

Hoy no creo que sea un tema de derecha o izquierda, es un tema de DD. HH. en el sentido más amplio (y no por ello más sencillo). Y de la satisfacción de necesidades en la implementación de recursos naturales, en creación de industria sostenible y sustentable que garanticen por un lado la movilidad social y por el otro el desarrollo económico en igualdad de oportunidades.

Nadie dice que sea fácil. Pero mientras antes podamos empezar a plantearnos un modelo propio que supere la visión binaria de un mundo que, de permanecer en constante contraste y confrontación, acabará en «una Cuarta Guerra Mundial a garrotazos» como advirtiera Einstein.

Hoy no creo que sea un tema de derecha o izquierda, lo urgente es la satisfacción de necesidades en la implementación de recursos naturales, en creación de industria sostenible y sustentable que garanticen por un lado la movilidad social y por el otro el desarrollo económico en igualdad de oportunidades.

Con información de: https://elmontonero.pe/columnas/derecha-o-izquierda-tu-que-dices