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GUATEMALA YA NO SERÁ LA MISMA

LA TAREA QUE AHORA NOS CORRESPONDE Y NUESTRO APORTE POR EL CAMBIO.

Por Manuel Villacorta

La historia de Guatemala registra altos niveles de confrontación, conflictividad, intolerancia y descalificación. No hemos construido una sociedad basada en la lógica de la cooperación social y menos aún, en la identificación de nuestros intereses comunes. Un diagnóstico inmediato revelaría que hoy Guatemala no es viable para ningún sector. Eso no exime de responsabilidad a los grupos de poder, que han tenido un peso e influencia desproporcionados en la toma de decisiones económicas y políticas en nuestro país. Pero hoy nos corresponde perfilarnos hacia el futuro, bajo el objetivo de construir una Guatemala mucho más justa, equitativa y democrática. En función a ello planteo las tareas inmediatas que nos corresponde a todos, sin excepción. Se exponen los casos del gobierno central, Cacif, las organizaciones de la sociedad civil y la oposición política.

El gobierno del presidente Alejandro Giammattei

No podemos ni debemos olvidar que el anterior proceso electoral, estuvo plagado de irregularidades, al extremo que al violarse toda normativa electoral el fraude en diferentes dimensiones, se hizo presente. La elección presidencial se realizó bajo un marco de muy precaria legalidad, lo que le restó legitimidad. De ese proceso, nace la elección del actual mandatario, en cuyo caso, gana la presidencia con tan sólo el 25% de los votos del total del electorado.

Porque el destino así lo quizó, el presidente Giammattei vio truncada su gestión presidencial desde su propio inicio: la pandemia del Covid-19. Esta modificó por completo la realidad nacional. La administración de Giammattei tiene una precisa caracterización: «Será un gobierno atípico, muy restringido en cuanto a acciones de desarrollo, tendrá que dedicarse casi por completo a gestionar una crisis nacional,  que se prolongará a lo largo de todo su mandato».

Durante su gestión se concretarán aspectos complejos y desfavorables tales como: caída de ingresos por remesas familiares, caída de las exportaciones, caída en las importaciones, caída en la inversión privada directa (nacional e internacional), caída en la recaudación fiscal y un preocupante nivel de endeudamiento interno y externo. Todo ello, perfila cuatro años de severas restricciones económicas, con la gravedad de las implicaciones sociales que habrán de surgir, como resultado de las mismas. Quizá se trate de altos niveles de conflictividad social.

El empresariado organizado de mayor influencia: CACIF

El  CACIF a pesar de las campañas mediáticas que realiza, ha ido perdiendo aceleradamente la aprobación social. Esto se basa en la percepción generalizada respecto a que siempre privilegia lo económico ante lo social, su reacción secular a pagar impuestos y su alta influencia en el sistema político, el cual de hecho, depende casi por completo del mismo. Los próximos años serán muy desafiantes para CACIF, particularmente por el auge de la delincuencia y las extorsiones, incremento de contrabando, precariedad de la red vial, caída en el consumo interno y la severa práctica de reducción de costos a la que se habrá de recurrir. Es muy probable que la mediana empresa logre abrirse espacios en franca competitividad, lo que sería positivo al generarse una relativa democratización del modelo productivo y empresarial en el país. Si las grandes empresas ya estaban experimentando graves limitaciones antes del surgimiento de la pandemia, ahora los desafíos para su propia supervivencia serán aún mayores. Un aspecto cualitativo y de alta incidencia, sería que al interior de los órganos de dirección de este sector, surgiera un nuevo liderazgo, con una visión mucho más comprometida con los intereses sociales, los cuales a la postre, terminan siendo su propio soporte económico y social, como ocurre en otros países de la región. CACIF debe reformarse radicalmente o habrá de enfrentar una irreversible pérdida de vigencia e influencia a muy corto plazo.

Las organizaciones de la sociedad civil.

Las organizaciones de la sociedad civil deben hacer un comprometido esfuerzo para generar mayores niveles de coordinación, operatividad conjunta, unidad y compromiso nacional. La historia nos demuestra que las organizaciones de la sociedad civil han estado expuestas a la pulverización, la fragmentación y separación sistemática en cuanto a sus liderazgos y sus objetivos. En estos años, una organización social fuerte, unitaria y comprometida, se perfila como la mejor garantía que podría tener el pueblo de Guatemala, para garantizar en mejor forma el respecto a los derechos sociales. El liderazgo social goza de experiencia, se han vivido avances y retrocesos, éxitos y fracasos, lo cual debe aprovecharse para promover una acción compartida muy sustentada que garantice la representación de la sociedad en todos los ámbitos. Estos años por venir, deberán ser los años del resurgimiento y la consolidación del movimiento social guatemalteco. La oportunidad está dada y el compromiso es ahora ineludible.

La oposición política

La oposición política sigue siendo un objetivo pendiente por concretar. La oposición política no debe enfocarse en la «oposición sistemática y destructiva», debe ser una «oposición propositiva y constructiva», lo que no le resta la responsabilidad de ser contundente y objetiva. La oposición político-partidaria concentra básicamente a los partidos de izquierda (Winaq, URNG y MLP). Eso también implica la posibilidad de que diputados de otros partidos, puedan sumarse a las acciones de esta oposición, concretando un bloque cada vez más sólido y participativo. No obstante la oposición política no se remite exclusivamente a los partidos políticos vigentes en el congreso. Existen otras fuerzas políticas, partidos vigentes y partidos en formación, que pueden y deben intentar la consolidación de un frente unitario, que simultáneamente con las organizaciones de la sociedad civil, vele y represente los intereses de los sectores mayoritarios excluidos de nuestro país.

CONCLUSIÓN: Guatemala cambió, el mundo cambió. Todos los sectores nacionales deben de hacer un alto en su ruta, buscar transformaciones profundas en su interior y buscar una unidad franca y comprometida en torno al interés nacional. La oportunidad está. El desafío está. La forma respecto a cómo actuemos, definirá el futuro de Guatemala. Esperemos que nos ocurra lo mejor. Por el bien de todos, sin excepción.

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