La leyenda, el ícono, el joven revolucionario que inspiró a toda una generación a pelear por un ideal poco valorado en la actualidad.

Por: Jesús Toledo

Oliverio Castañeda, al parecer, es una moneda muy bien pulida que tiene dos rostros: el que la historia nos ha enseñado y el perfil que sólo sus allegados de confianza pueden describir. Sin duda alguna, algo que es completamente inalterable es esa pasión y entusiasmo que le inyectó a su lucha encarnizada para lograr que la justicia se alzara en una nación sumida por la impunidad y el terror público.

La Licenciada María del Carmen de León Mora, historiadora y académica de la Universidad de San Carlos, evoca a un líder con un carácter diferente. Hace énfasis en la formación de Oliverio como un seguidor de Manuel Colom Argueta, otro académico destacado y un excelente abogado egresado de la USAC, exalcalde de la ciudad capital de Guatemala y que fue asesinado un año después de Oliverio Castañeda. El discurso revolucionario que mostraba ese lado humano y crítico de Colom Argueta, cautivaba a Oliverio Castañeda, quien veía en el primero a un verdadero emprendedor en el ámbito de la lucha contra los gobiernos militares.

Aunque Oliverio no sólo tenía el ejemplo de Colom Argueta. Se apoyaba también en la filosofía de la obras de Severo Martínez, sobre todo “La Patria del Criollo”, libro que utilizaría como arma principal de su discurso. Todos estos elementos fueron una inspiración profunda en Castañeda y lo motivaron a instaurar nuevas prácticas y tácticas innovadoras en el tema de las marchas y manifestaciones.

Las marchas estudiantiles se destacarían por ser bastante organizadas. Bajo el liderazgo de Oliverio, la AEU se convirtió en un frente innovador y progresista. Al frente de cualquier consigna se encontraba su líder, el hombre que no sólo convocaba, también acompañaba a sus seguidores en la lucha.

Este carácter sensible y su calidez le brindaban a Oliverio la imagen de ser un líder que salió del pueblo, que luchaba por el pueblo y que era del pueblo, un Abraham Lincoln moderno.

Recordemos cómo era la vida en esos días

El final de la década de los setentas fue despedido por todo el mundo al ritmo de bandas icónicas del Rock and Roll como Led Zeppelin y Black Sabbath, al mismo tiempo el mensaje de paz y amor de la generación hippie resonaba en todo el mundo, gracias a la intervención de Estados Unidos en Vietnam. Sony lanzaba sus famosos Walkman y la música de protesta y rebeldía ahora estaba al alcance de todos.

 

En Centroamérica algo que al parecer nunca iba a suceder estaba generando una alerta bastante escandalosa para los grupos que buscaban frenar el avance de los movimientos revolucionarios. Mientras que el Movimiento Sandinista llegaba al poder en Nicaragua, el movimiento de izquierda de El Salvador ganaba cada vez mayor popularidad en el juego mediático y al mismo tiempo, mayor poder en el espacio político. A lo largo y ancho de América Latina, el mensaje de los diferentes líderes de oposición, generaba cada vez mayor resonancia en sus seguidores y en los que aún no sabían a quién apoyar.

La lucha

En 1978, el General Romero Lucas García asumía la presidencia de Guatemala, bajo fuertes señalamientos de violaciones a los Derechos Humanos que se habían suscitado durante su período como ministro de Defensa. Estos generaron descontento en el clamor popular, sin mencionar su activa participación en el proyecto de la Franja Transversal del Norte. El gobierno guatemalteco comenzó a hacer uso del terrorismo para repeler el empuje de los grupos estudiantiles, que organizaban marchas y consignas en contra del Estado.

La inteligencia y los grupos secretos mandaron una advertencia a los estudiantes de la AEU y sus dirigentes para que no salieran a manifestar el 20 de octubre de 1978, en la marcha conmemorativa de la Revolución de Octubre. En la lista negra del Ejército Anticomunista se encontraba Oliverio, quien no hizo caso y junto a sus seguidores y compañeros salieron rumbo al Palacio Nacional para recordar a sus héroes de antaño, sería la última marcha en la que Oliverio participaría.

En su discurso Oliverio hizo un señalamiento abierto a Donaldo Álvarez Ruíz, el entonces ministro de Gobernación del presidente Lucas García, de utilizar tácticas de terrorismo en contra de los estudiantes y académicos revolucionarios. En la actualidad, Álvarez Ruíz se encuentra prófugo de la justicia por señalamientos de crímenes de lesa humanidad.

“Ellos pueden matar a nuestros dirigentes, pero mientras haya pueblo, habrá revolución”.

Minutos después, Oliverio es interceptado por un desconocido que abrió fuego en contra de los estudiantes, una bala alcanza a Oliverio Castañeda, quien cae a un costado del Portal del Comercio en la sexta avenida. Seguido de ello, un hombre desconocido desciende de un auto con placas oficiales y le da el tiro de gracia en la cabeza a Oliverio Castañeda. El líder, el hombre, el mártir, había sido silenciado a sus apenas 23 años de edad.

Las repercusiones a la muerte de Oliverio fueron nefastas para el movimiento estudiantil, el ejército y los escuadrones de la muerte aumentaron la violencia y el terror en contra de la AEU, la mayoría de sus líderes correrían la misma suerte de Oliverio, otros fueron obligados a salir del país por múltiples amenazas. El objetivo de las fuerzas públicas había sido alcanzado, con la táctica del terror y la represión, la AEU pasó de ser un movimiento robusto y bien organizado, a un grupo que funcionaba en las sombras.

En la actualidad, los jóvenes universitarios no distinguen la figura tan icónica de Oliverio Castañeda, el terror no sólo silenció a un excelente académico y economista, el terror triunfó, enterrando para siempre los ideales de Oliverio.

Vicente Chapero un joven ingeniero egresado de la USAC en el año 2000, hace mención de un vacío profundo que se percibe hasta los días de hoy, especialmente para los movimientos de izquierda, ya que la muerte de Oliverio y de los dirigentes de la AEU en la etapa final de los años setenta, inundaron de miedo a los futuros dirigentes y líderes estudiantiles.

Guatemala no tendrá otro Oliverio Castañeda; no sólo para dirigir un partido de izquierda, o a esos estudiantes activistas e impulsores de un cambio independientemente de la ideología. Los movimientos estudiantiles, y sobre todo los universitarios, son necesarios, pero en la actualidad, no existen.

Al observar este universo de elementos, la conclusión más triste, sin duda alguna, es el vacío que el terror puede llegar a generar.

Oliverio hizo su trabajo, pero si continúa esta cultura de desinformación e ignorancia, el trabajo será en vano y se perderá en las leyendas que se cuentan, junto a los murales que ya no hablan, pero aguardan, esperando en silencio, y pacientes.

 

La generación de Oliverio se vio sumida en el terror, esa generación se convertiría en padres y madres, y los padres de los actuales estudiantes no les inculcarían a sus hijos una doctrina que probablemente les costaría la vida.

 

Más información sobre Oliverio Castañeda en:

Resarcimiento Biografía Oliverio Castañeda de León

https://www.youtube.com/watch?v=41PcqXbUNIk

Así ocurrió la muerte de Oliverio Castañeda