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Epidemia de coronavirus: ¿y después?

La pandemia de coronavirus que está afectando a buena parte de la humanidad va para largo. El mundo ya no será igual cuando termine todo esto. ¿Cómo será?, no está claro. Pero sin dudas, dada la magnitud de los hechos, se avecinan transformaciones.

Por Marcelo Colussi

Mucho se ha dicho sobre la pandemia propiamente dicha, y mucho también sobre los posibles escenarios que le sucederán. Por lo pronto, nadie puede asegurar cómo seguirá la situación. Contrariamente a las primeras conjeturas que pudieron hacerse hace unas pocas semanas, los lugares más afectados hoy son Europa y Estados Unidos, el corazón del capitalismo desarrollado mundial. Los países con menores recursos -la mayoría de la población global- de momento no presentan niveles alarmantes de contagio. De todos modos, no debe dejarse de considerar que los subregistros en esas zonas más empobrecidas del planeta suelen ser muy altas, justamente por la carencia crónica de recursos (probablemente los datos reales sean mucho más alto de los que oficialmente se consignan). De momento, sin embargo, los países de capitalismo más desarrollado exhiben los índices más preocupantes. Ello podría deberse a la alta movilidad de su población, que tiene los recursos para viajar mucho más profusamente, y así contraer y expandir el virus.

No deja de ser llamativa la forma en que apareció esta nueva “plaga bíblica”, lo cual, para muchos investigadores serios, abre preguntas de momento poco esclarecidas Según el periodista español Javier Aymat, “Wolfgang Wodarg, reputado epidemiólogo y expresidente de la Comisión de la Salud del Consejo de Europa, Manuel Elkin, descubridor de la vacuna contra la malaria y Pablo Goldsmith, prestigioso virólogo, entre otros muchos científicos, cuestionan la ola de pánico creada en torno al coronavirus y las medidas desproporcionadas y contraproducentes que se están tomando” (…) “¿Cómo pudimos sobrevivir [en España] el año pasado a 525.300 enfermos de gripe frente a 25.000 de coronavirus y 6.300 muertes (de gripe) frente a 1.350 muertes (de coronavirus) sin paralizar el país? ¿Y cómo lo sobrellevamos en 2018 que hubo 800.000 casos de gripe y 15.000 muertes?”El científico colombiano Manuel Elkin llama la atención sobre “la desproporción que supone que la malaria aflige entre 230 a 250 millones de personas al año y, de ellos, mueren de 1.250 a 1.500 al día”. (…) “Paremos un poco esa histeria colectiva. Desde el principio de la enfermedad del coronavirus nos metieron un pánico excesivo; es una enfermedad a la que hay que ponerle cuidado, pero no para una histeria colectiva que no sirve para nada”. Sin dudas, en términos clínicos, esta nueva afección puede ser grave; su gravedad, sin embargo, radica no tanto en las consecuencias en la salud de cada afectado (su índice de letalidad es bajo comparado con otras enfermedades: no supera el 4%, en tanto son mucho más dañinas la tuberculosis, la malaria, la hepatitis B, entre otras) sino en la velocidad de su propagación. De todos modos, está claro que es de tenerse en consideración, como cualquier enfermedad, por cierto. Pero ¿no abre preguntas esta disparidad en los datos vistos en términos epidemiológicos? (el coronavirus, según datos de la Organización Mundial de la Salud, es la 15a dolencia en términos de letalidad, por detrás de la tuberculosis, la malaria, la hepatitis B, el VIH-SIDA, la tifoidea, el cólera, etc.)

En esa línea (¿visión conspirativista?, ¿lectura paranoica de la realidad?) se ha dicho que los genomas de coronavirus aparecidos en Irán e Italia -dos de los países con mayor número de infectados- fueron secuenciados, concluyéndose que no pertenecen a la misma cepa de virus que infectó a la ciudad china de Wuhan. Llamativamente, ambas naciones están enfrentadas -en diverso grado- a la geoestrategia de Washington: Irán, por su Revolución Islámica anti-estadounidense, e Italia, por ser el único país de la Unión Europea que firmó convenios con China para participar en la Nueva Ruta de la Seda.

Del mismo modo, abre interrogantes el llamado Evento 201 que tuvo lugar en la ciudad de Nueva York el 18 de octubre de 2019, patrocinado por la Fundación Bill y Melinda Gates -principales financistas de la Organización Mundial de la Salud, la OMS-, donde participaron el Foro Económico Mundial, la CIA, Bloomberg, la Fundación John Hopkins y la ONU. Tal evento, llamativamente, consistió en un ensayo de simulacro de una pandemia mundial causada por un supuesto virus mortal. Dicho encuentro ocurrió un mes antes del inicio del brote en China. Quizá pura coincidencia…, pero no deja de ser significativo. El analista político Diego Herchhoren dijo del evento haciendo su lectura crítica: Hay quien instruyó la idea de una pandemia mundial, alguien que la ejecutó y alguien que vio una oportunidad. Probablemente sean las mismas personas”.

Los mortales de a pie, quienes no tenemos la mayor parte de la información y solo podemos manejarnos con las noticias oficiales -que, felizmente, podemos intentar leer críticamente- sabemos solo lo que los medios de comunicación comercial nos transmiten. Y ahí se encuentra, básicamente, este mensaje casi apocalíptico de esta nueva enfermedad. Si es realmente una pandemia tan mortífera o no, nosotros, los mortales comunes, no lo sabemos. Si hay agenda oculta tras todo esto, no lo sabemos, y probablemente no lo sepamos nunca. Es probable que pueda ser una mutación natural de un virus que dio como resultado un agente patógeno altamente transmisible, y que las medidas de aislamiento tan drásticas que se están tomando sean las necesarias. Las preguntas esbozadas más arriba, amén de poder ser vistas como de talante paranoico, no deberían dejar de plantearse, porque hay cosas que no cuadran.

Si eventualmente hubiera agenda oculta, ¿a quién conviene? Según algunas posturas, la mega-industria farmacéutica estaría detrás, preparando la vacuna contra la temible plaga. ¿Cómo saberlo? Insisto: los mortales de a pie repetimos lo que nos dicen los medios masivos de comunicación. Si el medicamento cubano utilizado en China fue efectivo, pero no se usa masivamente (los capitales occidentales lo impiden, aunque ya 15 países lo están solicitando), ¿será que realmente se está esperando la vacuna que traerán las multinacionales presentes en el Evento 201? Imposible decirlo con exactitud. Si corporaciones de Estados Unidos tienen que ver con todo esto, no estaría claro por qué en ese país la infección se disparó tan letalmente, lo cual echaría por tierra la hipótesis conspirativa. ¿O no? Si pensamos en eventos que han ocurrido (Pearl Harbor, caída de las Torres Gemelas), no podríamos estar tan seguros de desecharla. El COVID-19 existe y mata gente. De eso no caben dudas. Pero… ¿y después?

¿Servirá todo esto para denunciar a la oprobiosa serpiente viperina que es el capitalismo, o hay en juego una jugada maquiavélica que traerá más capitalismo todavía, quizá menos gente en el mundo (“¡que mueran los viejitos!”, pedía el funcionario estadounidense), y poderes hiper-dominantes que digitarán nuestras vidas haciendo pensar con sus maquinaciones actuales en películas de ciencia ficción? (el “Gran Hermano” orwelliano pareciera ya un hecho). Por supuesto que la actual es una ocasión maravillosa para hacer aquella denuncia y profundizarla. La privatización inmisericorde de todo, el negocio antepuesto a lo humano (business is business), el lucro individual como baluarte fundamental de la vida, ahora más que nunca -viendo las consecuencias espantosas que pueden acarrear- pueden ser cuestionadas. ¿Puede servir la pandemia quizá para acercar a un cambio revolucionario de

paradigmas? De nosotros depende.

¿Una población más disciplinada, controlada, maniatada? ¿Es esta encerrona universal, toque de queda incluido, un ensayo de cómo se mantendrá a la población de aquí en más? ¿Teletrabajo para todos? ¿Hiper-control a través de medios digitales que saben en detalle cada cosa de nuestras vidas?

El mundo seguirá, por supuesto, porque esta pandemia no terminará con la especie humana. ¿O será, como dicen con visión “conspiranoica”, que ya hay poderes que están preparando la vacuna? (con la que podrán meternos cualquier cosa, eventualmente).

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