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Entre la posibilidad y la desesperanza

La pugna entre transparencia y corrupción, entre verdad y mentira, entre valentía y desasosiego, entre la celebración y el llanto, late en Guatemala desde hace tres años y en estos últimos meses con mayor virulencia a raíz del cambio de autoridades en entidades fundamentales en la búsqueda de justicia, como lo son el Ministerio Público (MP) y el Ministerio de Gobernación.

Por Álvaro Montenegro

En mayo asumió Consuelo Porras como jefa del Ministerio Público y en estos meses ha estado instalándose en una institución que ha visto cómo las últimas dos fiscales generales (Claudia Paz y Paz y Thelma Aldana) salen con la frente en alto, enemigas de los más poderosos por haber dejado grandes logros.

Los Zetas, esos narcotraficantes que pusieron en jaque a varias regiones mexicanas, fueron desarticulados y luego extraditados en buena parte, bajo el mando de Paz y Paz, así como la activación de los casos de violaciones a Derechos Humanos que llevó al banquillo a Efraín Ríos Montt, emblemático General, conocido mundialmente por las acusaciones de genocidio en su contra.

Por su parte, Aldana comandó junto a la CICIG una captura de cientos de personajes que por décadas han pululado en la fauna política guatemalteca e incluso internacional, incluyendo expresidentes y notables empresarios, por lo que se ha posicionado como un referente regional del combate a la impunidad.

Pero ahora las investigaciones las debe comandar otra mujer, Consuelo Porras, con una carrera como magistrada, jueza y fiscal y quien ha tomado el MP de manera -hasta el momento- cauta, recibiendo a quien le pide cita, pero no ha dado muestras, más allá de un allanamiento a la Municipalidad de la capital, de continuación de la persecución penal con la misma intensidad que sus predecesoras.

Ante esto, muchos alegan que ambas (Paz y Paz y Aldana) se tardaron varios meses en activar los casos penales ya que cuesta arrancar en una institución tan amplia, aunque también es cierto que ahora las circunstancias son distintas pues las fiscalías anticorrupción están mucho más fortalecidas y existen una gran cantidad de casos avanzados, incluyendo contra el propio presidente Jimmy Morales, por financiamiento electoral ilícito.

Aunque el MP es fundamental para el futuro, no todo depende de acá.

Otras instituciones que han colaborado en la lucha contra la corrupción, que algunas eran dirigidas por personas en favor de la transparencia, pasaron a estar controladas por gente comprometida con proteger de cualquier acusación al presidente Jimmy Morales, quien ha conducido al país hacia un retroceso notable.

Parte de este plan condujo a Enrique Degenhart al Ministerio de Gobernación, encargado de desmantelar la Policía Nacional Civil militarizándola, dándole espacio a cárteles y quien ha sido señalado de implantar un arma a un agente, hermano del exdirector de la policía, para acallar una posible sublevación policíaca que estaría posicionándose en contra de los retrocesos impulsadas para debilitar la institución.

Degenhart también ha sido incisivo al viajar a Washington para cabildear en contra de la CICIG y con aliados religiosos importantes y, aprovechándose de que Guatemala trasladara su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, ha contribuido a insertar en algunos congresistas la narrativa propia de campaña negra para intentar que Estados Unidos reduzca el apoyo a esta causa.

A esto se suman los intentos de los diputados por legitimar el transfuguismo, por medio de reformas que eliminen la prohibición de lanzarse por un partido distinto al que fueron electos y de favorecer a financistas de campañas con una amnistía, de cara a las elecciones de mayo de 2019, cuando de manera excepcional coinciden las votaciones con el relevo de cortes, lo que supone un cambio total de la dirigencia del Estado, además de la discusión para decidir si se prorroga el mandato de la CICIG por dos años más.

La moneda se mantendrá en el aire probablemente durante un año más, hasta que se elijan a las nuevas autoridades. Pero mientras se acercan las votaciones, el camino se va haciendo notablemente ríspido (difícil), con más ataques personales, amenazas, luchando porque esta liberación de las mafias pueda convertirse en una posibilidad de futuro o que los poderes oscuros retomen los espacios perdidos y logren que estos años (del 2015 para acá) queden olvidados en la historia como un cuento entretenido.

 

Las investigaciones las debe comandar otra mujer, Consuelo Porras, con una carrera como magistrada, jueza y fiscal y quien ha tomado el MP de manera -hasta el momento- cauta.

 

 

 

Álvaro Montenegro: Posee estudios de Filosofía y Derecho.  Escribe como una pulsión primaria. Ha sido columnista de Plaza Pública y el Faro. Trabajó en elPeriódico y en AssociatedPress como redactor «freelance». Participa en #JusticiaYa.

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