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Elecciones en Guatemala: Más de lo mismo…O lo mismo con más

Se cambia presidente (administrador, gerente, o si se quiere: capataz) para no cambiar nada en esencia. Gatopardismo, democracia de papel, democracia controlada y a cuentagotas.

Marcelo Colussi / mmcolussi@gmail.com,

El doctor Alejandro Giammattei, del partido VAMOS –Vamos por una Guatemala diferente–, es el ungido. Él derrotó a la candidata de la Unión Nacional de la Esperanza –UNE–, Sandra Torres, con una amplia diferencia (16%). La mayoría de la población empadronada no fue a votar (la abstención fue de alrededor del 60%, un índice histórico). Es decir que Giammattei será presidente no por la decisión de una amplia mayoría que lo escogió a través del voto popular sino producto de un bien montado mecanismo de continuidad y perpetuación.

Dicho de otro modo: todos los factores reales de poder (no el “soberano”, el pueblo votante –tontera con la que nos engañan a diario–, sino las cámaras empresariales, la casta militar, la clase política, la embajada de Estados Unidos, incluso el crimen organizado enquistado en la estructura estatal que maneja un buen porcentaje del producto bruto del país) buscaron el mantenimiento del statu quo, de lo que es la nación, de su dinámica histórica. En otros términos: se cambia presidente (administrador, gerente, o si se quiere: capataz) para no cambiar nada en esencia. Gatopardismo, democracia de papel, democracia controlada y a cuentagotas.

Con el triunfo de este candidato conservador y neoliberal, empresario y cercano a grupos militares, no se vislumbra el más mínimo cambio en la situación general del país.

Por el contrario: se ratifica, y seguramente se profundizará, el modelo vigente. Es decir: un esquema agroexportador basado en la monoproducción azucarera o de palma aceitera, con alta presencia del capital transnacional dedicado a la industria extractiva (minería, centrales hidroeléctricas, algo de petróleo), con una clase trabajadora (urbana y rural) absolutamente sometida, con salarios de hambre que, según el sueldo mínimo de ley, cubren apenas un tercio de la canasta básica, con un Estado raquítico con una de las recaudaciones fiscales más bajas de toda Latinoamérica (10% del PBI) y con grupos económicos locales mono y oligopólicos que manejan la economía nacional con criterio de finca semifeudal, en muchos casos enquistados desde la colonia, resistiéndose a cambiar en lo más mínimo. Las iglesias más conservadoras (católica y evangélica) hacen el coro a esta estructura, bendiciéndola, fomentándola.

“Campo de concentración”

El futuro gobierno de Alejandro Giammattei, no da ninguna muestra de ser díscolo con el país del norte, más bien es totalmente sumiso a los dictados de Washington. En esa lógica, el gobierno de Estados Unidos ha forzado a Guatemala recientemente a funcionar como “depósito” de migrantes irregulares, donde permanecerían a la espera que el país del norte les dé permiso de ingresar (cosa que, con mucha probabilidad, nunca va a pasar). “Tercer país seguro”, lo llamó Donald Trump. En realidad, eso convierte a Guatemala en un gran “campo de concentración” para esas enormes masas de población que buscan llegar al “sueño americano”, centroamericanos en principio, de otros países también

Si bien el presidente recién electo afirmó que “habría que revisar ese acuerdo”, su historia política y su perfil ideológico permiten pensar que en modo alguno se convertirá en un obstáculo para la Casa Blanca, cuestionando el oscuro tratado. Por el contrario, seguirá fiel a la tradición de “perro faldero” de los gobiernos centroamericanos en relación al amo imperial. Todo indica que no habrá ningún cambio allí.

Esta elección diferente

En el 2015, se respiraba un clima de movilización ciudadana. Las manifestaciones fueron masivas y parecían abrir una nueva época; la clase política fue puesta en entredicho, y la participación ciudadana esperó aquella elección del 2015 con gran esperanza. El entonces elegido, Jimmy Morales, esperado con una verdadera esperanza de cambio por el grueso de la población, decepcionó luego en su administración, pues todo ese calor anti-corrupción terminó extinguiéndose, y el propio gobierno se encargó luego de expulsar a la CICIG.

El fantasma del comunismo, o la comparación con Venezuela son utilizados sin miramientos por esa derecha conservadora. La “Chairo fobia” creo un clima hostil en el electorado clasemediero urbano que favoreció a Giammattei, no como esperanza de cambio, sino como voto castigo a la demonizada Sandra Torres.

¿Qué puede esperarse ahora con Giammattei presidente?

Para el campo popular, para la amplia mayoría de la población, esa masa que presenta un 60% de pobreza y una desnutrición crónica que hace de Guatemala el país en Latinoamérica con el más alto porcentaje de ese flagelo, de donde salen casi 300 personas diarias con rumbo a Estados Unidos en condiciones absolutamente precarias para buscar el supuesto american dream, para esa enorme mayoría de gente: nada.

Sin dudas, más de lo mismo. O, lo que es peor: de lo mismo con más.

El panorama cotidiano se volvió más conservador, homofóbico, riesgoso para los militantes del campo popular.

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