Elecciones 2019

Una análisis sobre el absentismo, la ley electoral y el panorama para el nuevo gobierno

Por: J. Fernando García Molina

Hubo muchos intentos de explicar el absentismo electoral durante la segunda vuelta ?balotaje. Se adujeron muchas razones. Algunas, incluso, de orden histórico. ¿Tiene una explicación lógica o emocionales?. El absentismo más alto se registró en 1995, en la elección que llevó a Arzú y a Flores a la Presidencia de la República. Ellos ganaron por mínimo margen (5%). A pesar de eso, muchos calificamos aquel gobierno como el mejor que ha tenido nuestro país. Por otro lado, el menor absentismo sucedió en 1985, con el triunfo abrumador (116%) triunfo de Cerezo y Carpio. Cinco años después, Cerezo recibía la mayor rechifla en la historia nacional.

Aunque la evidencia es insuficiente, al menos sirve para orientar: la cantidad de electores que participa en la elección de balotaje no determina qué tan bueno, o malo, puede ser el gobierno que resulta de esa elección. Además, el absentismo durante el último balotaje es casi igual al promedio de las últimas 8 elecciones.

Los expertos opinan

La mayoría de “expertos” en temas políticos, al ser entrevistados por la televisión, aseguraron que el “bajo” porcentaje de votantes se debió a una de tres razones: a) el descontento de la población con la clase política; b) el temor a un nuevo fraude electoral y c) a considerar que ninguno de los candidatos en la papeleta valía la pena. Incluso algunos aseguraron que había riesgo de elegir a un nuevo Jimmy Morales y que por eso lo mejor era no asistir a votar.

El descontento de la población con los partidos políticos y sus dirigentes es generalizado y obvio; los electores los perciben como maquinarias electorales poco eficientes. Cómo no serlo, si la inmensa mayoría solo hace acto de presencia cada cuatro años, durante los procesos electorales. Además, la gran mayoría de candidatos muchas veces no salen de sus propias filas. ¿Acaso hay algo más patético que un partido político en busca de candidatos?

El TSE sobrereguló los medios

La actual Ley Electoral ?la LEPP?, impulsada por el TSE y aprobada por el Congreso, volcó tanta ignominia en el sistema político nacional, que lo desbordó. El Registro de Ciudadanos entrampó y creó obstáculos; inhabilitó y puso trabas a unos candidatos, al tiempo que apoyaba y favorecía la inscripción de otros. Su actuación significó permanente abuso de poder. El TSE sobrereguló los medios y otras formas de propaganda. Inhibió el debate entre los candidatos, les impidió dar a conocer sus propósitos y metas. Fue amplia y repetidamente señalado de favorecer a candidatos de viejo cuño en perjuicio de opciones nóveles.

Creo que el descontento de la población con la clase política y el temor a un nuevo fraude electoral incidieron en el absentismo del mes pasado. Conlo que no estoy de acuerdo es con homologar al presidente Morales, con el presidente electo. Las cualidades y defectos de uno y otro son de naturaleza diferente.

Cuando Morales ganó el balotaje aseguraba no ser “ni corrupto, ni ladrón” creo que entonces él pensaba de sí, de esa manera. Además, era una persona muy sencilla. Recuerdo que en su primera semana de gobierno fue a almorzar al mercado central quizá pensaba que de esa manera todos lo veríamos como un hombre del pueblo… pero su séquito de la SAS era impresionante. También por esos días prometió que, al mejor estilo de Mujica, se reduciría el sueldo… pero carecía de la habilidad para razonar del uruguayo. No me sorprendería saber que Morales aún guardaba los “huesos de la suerte” que habrá ganado a su hermano cuando comían pollo siendo niños.

A Jimmy le minaron la credibilidad

Esa sencillez suya le habrá hecho sentir inseguridad y temor. Tanto que Robinson, Velásquez, Mack, Zaparolli, otros personajes así como un nutrido grupo de militares le decían qué hacer. Él obedecía. Ellos le armaron el gabinete. Le pusieron a Mack, Teleguario, Rivas y otros personajes que minaron su gobierno. En la SAT, Solórzano Foppa y sus amigos hicieron lo suyo. Lo más grave es que entre quienes le aconsejaban no había consenso. Así, su gobierno siempre lució errático. En sus declaraciones siempre trató de mostrar ingenio pero al hacerlo lucía torpe, inadecuado. Su “agudeza”, al decir que si Trump quería hacer el muro, trabajadores guatemaltecos pondrían la mano de obra, fue una viveza de pésimo gusto.

Los periodistas disfrutaban preguntando sobre temas serios a los que respondía, en ausencia de conocimiento, con generalidades que no tenían significado concreto. Parecía inspirado en Chance (Peter Sellers) en “Desde el jardín”. Su falta de erudición se volvió emblemática. Con todo, muchos ciudadanos le dimos nuestro apoyo para que lograra terminar su gobierno. El alcalde Arzú acudió en su auxilio cuando ya estaba totalmente perdido. Para mí, la tolerancia terminó cuando anunció su aceptación para convertir a Guatemala en un “Tercer país seguro”, bajo las amenazas de Trump. Pésimo final para un mal gobierno.

Hablemos del nuevo presidente

De Giammattei se dice que tiene dificultad para controlar sus explosiones de enojo. Que es capaz de ofender y aún de golpear físicamente a sus subalternos y otros interlocutores suyos. No me consta. Me reuní con él varias veces hace unos cinco años, en los cuales siempre mostró una conducta correcta. Me llamó la atención sí, que se mostrara obstinado en poseer la verdad y creyera conocer todos los temas que se discutieron esa vez. Volví a verlo a fines del año pasado en casa de una mutua amiga. Cuatro personas estuvimos prestas a escuchar con atención sus planes y su evaluación de las fortalezas y debilidades de su candidatura. Aceptó las críticas y se mostró anuente a recibir recomendaciones.

A diferencia de Morales, Giammattei acusa conocimiento profundo en diversos temas. En varias entrevistas al ser cuestionado sobre el agua, Giammattei mostró un conocimiento propio de expertos. En otros temas generalmente sucede lo mismo. Su libro muestra mucho de lo que hubo de aprender sobre Derecho Procesal para defenderse. En general, al ser entrevistado o al ofrecer declaraciones suele hacerlo con mucha propiedad. El periodista Fernando del Rincón, uno de los más agresivos y experimentados de la televisión, trató de arrinconarlo para que hiciera declaraciones favorables a la CICIG que él –Del Rincón— defiende. No lo consiguió.

Creo que todos admiramos la fortaleza de espíritu que se requiere para no doblegarse ante una enfermedad. Giammattei pasó parte de su juventud en una silla de ruedas producto de una esclerosis lateral. Hacerlo hoy con ayuda de sus bastones demuestra su fortaleza espiritual, su determinación, su valor y coraje. Me resulta difícil visualizar el esfuerzo que debió hacer para llegar a tanta población del interior, a pesar de esa limitación. Por eso, y por otras razones, no acepto comparalo con Morales. Encuentro equivocado y falto de veracidad decir que esta vez, nuevamente votamos por el “menos peor”.

A principios de agosto tuve oportunidad de conocer a Guillermo Castillo, Vicepresidente Electo. De los candidatos vicepresidenciales, fue Castillo quien tuvo —por mucho— mayor presencia pública. Sus declaraciones siempre expresan conocimiento, seguridad, sensatez, aptitud… y por encima de todo, generaron confianza, certeza de que no mentía. En muchas ocasiones, la presidencia quedará en sus manos. Creo, aunque siempre será arriesgado cualquier intento para predecir el porvenir, que Castillo hará un magnífico papel.

Así que, pese a ese señalado absentismo —que estadísticamente al menos, no lo hubo— lo más probable es que el año entrante tengamos un gobierno superior a los que van en este siglo.

En primer lugar, ¿cuál es la magnitud del absentismo en el balotaje 2019? Al compararlo con el de segundas votaciones de eventos electorales previos, encontré lo siguiente:

Año 1985 1990 1995 1999 2003 2007 2011 2015 2019
Asistencia 62.38% 45.26% 36.88% 40.39% 46.80% 48.30% 60.83% 56.32% 42.70%
Absentismo 37.62% 54.74% 63.12% 59.61% 53.20% 51.70% 39.17% 43.68% 57.30%
Promedio de asistencia 42.87%   Promedio de absentismo 57.13%  
Máxima asistencia 62.38%   Máximo absentismo 63.12%  
Mínima asistencia 40.39%   Mínimo absentismo 37.62%  

José Fernando García Molina, se graduó como ingeniero y economista. Ha sido columnista (columna Teorema) de los diarios Prensa Libre, Siglo Veintiuno y elPeriódico. Actualmente, coordina la revista de opinión www.opinionpi.com.

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