¡El despojo fue brutal! Propiedades, obras de arte, joyas únicas, cuentas bancarias, y hasta los propios dientes con incrustaciones de oro les fueron arrancados; todo les fue arrebatado, robado, a los judíos durante la era del terror nazi. 

Por: Carmen Matute

Para poder visualizar la magnitud del despojo quiero citar un fragmento del artículo “El tesoro de los nazi”, tomado de la Historia Universal [historiaybiografías.com]. El cual es apenas un breve ejemplo, de los bienes judíos robados en un solo campo de concentración, el más cercano a Berlín: Sachsenhausen.

“Se encontraron aparte de las divisas fuertes, las cuarenta y seis mil piezas de oro entre luises, napoleones, dólares, coronas austriacas, francos suizos y florines y casi siete kilogramos de oro en barra que enriquecen este tesoro”.

Periódicamente el tema del oro judío, robado por los nazis a sus víctimas durante el Holocausto, vuelve a los medios porque es un asunto aún no resuelto o solo resuelto parcialmente. La cruzada que iniciaron destacadas personalidades en varios países para recuperarlo, y devolverlo a sus legítimos dueños o a sus descendientes, acaparó la atención mundial por un tiempo, y puso de nuevo el tema del antisemitismo en la mira, aunado a un despojo sin precedentes.

Los bancos suizos –cuyo prestigio jamás se había puesto en entredicho– fueron señalados directamente, y acusados de quedarse con dinero que no les pertenece utilizándolo en beneficio propio.

 

Los sobrevivientes judíos o sus descendientes, que reclaman sus derechos sobre cuentas bancarias que ascienden a millones de dólares. Hace veinte años, al ser desclasificados los documentos del “Proyecto Safehaven”, estos proporcionaron suficiente evidencia sobre “cuán larga, cercana y lucrativamente, colaboraron los bancos suizos con los nazis” (Time, febrero de 1997). De acuerdo al reportaje publicado en esa misma revista, el “Proyecto Safehaven” fue una operación del Servicio de Inteligencia de Estados Unidos, cuya misión era rastrear el oro sustraído por los nazis, y en general, el producto del inmenso saqueo que había sido sacado de contrabando fuera del Tercer Reich. En esa época, las casi dos toneladas de documentos del Safehaven atrajeron la atención del rabino Israel Singer, antiguo profesor de Ciencia Política. Inició una investigación de las cuentas en Suiza. Pero ese es solo un hilo de una enredada madeja, que pareciera no tener fin.

Mientras tanto, la Comisión Tripartita del Oro, conformada por Inglaterra, Francia y Estados Unidos, solicitó a diez naciones abandonar sus reclamos sobre el oro robado, para que sirviera para recompensar a las víctimas del Holocausto. Esta Comisión, establecida después de la guerra, ha sido responsable de devolver durante el último medio siglo más de 300 toneladas de oro a los siguientes países cuyas riquezas fueron saqueadas por los nazis: Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Polonia, Checoeslovaquia, Grecia, Austria, Albania, la antigua Yugoeslavia e Italia. Aún quedan toneladas de oro, valoradas en millones de dólares que deberían ser distribuidas entre esos países, pero continúa la discusión sobre si se les devuelve o se establece un fondo para compensar a las víctimas.

Mucho papel y tinta se ha gastado en este asunto que ha sacado a relucir actuaciones verdaderamente mezquinas, en las cuales la ambición ha predominado vergonzosamente sobre la ética.
Los banqueros suizos, por su parte, aseguran tener toda la intención de restituir el oro a quien pertenece. Hace algún tiempo, Thomas Borer, del Ministerio de Relaciones Exteriores suizo, afirmó lo siguiente: “No se debe juzgar a mi país por lo que sucedió hace cincuenta años sino por lo que hace en estos momentos”. Una de estas acciones de buena voluntad, fue el acuerdo de suspender el secreto bancario durante cinco años, emitido por el Parlamento Suizo. Pero lo cierto es que mientras todo este asunto se desembrolla, uno no puede dejar de asombrarse tristemente ante el abismo de la maldad humana, que llevó al ejército nazi a acorralar a millones de judíos, enviarlos a los ghettos y a los campos de exterminio, y despojarlos de propiedades comunales y privadas, de sinagogas y casas de oración. Tenían que robar hasta sus alianzas matrimoniales y el oro de sus dientes, al fin y al cabo, en los dominios de la muerte no les serían necesarios.

Esta es una historia que no ha terminado. Muchos secretos oscuros permanecen en arcas y sótanos, ocultos en forma de lingotes de oro ensangrentado con sangre inocente, maldito para siempre.

Hoy, la milenaria tierra de Israel es fuerte, vital, fértil, cuidada por el amor de su pueblo, aunque la historia – escrita por el hombre – nos diga que apenas cumple 69 años de existir como Estado.

Anillos de oro robados por los nazis, en Buchenwald.