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Richard Shaw: Nos distraen con caramelitos…

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Amigas y amigos, debo confesar que la tarea del periodista, a veces, genera una frustración monumental, el compromiso de informar, formar y entretener -que es lo que hacemos los medios de comunicación-, a veces se convierte en un trabajo sin sentido, ya que todo lo que hacemos pareciera que no llega a la médula social y que estamos arando en el mar.

La verdad, es que no se si usted, amigo o amiga que me acompaña en cada número, es uno de los que ya aprendió a vivir en la corrupción, no sé si es de los que señala, pero no por coraje, sino por envidia de no ser usted, el o la que está en la posición de poder… No sé si usted es de los pocos que baja la mirada, se lleva la mano a la frente y exclama: ¡esto es una mierda!…

No sé de qué tipo de lector sea y la verdad no importa, pues yo escribo con el mismo coraje, con la misma cólera, con la misma ira, esperando que en usted se despierte el chapín que no se deja y que está dispuesto a soñar y sobre todo, a actuar.

Este país no se arregla de la noche a la mañana, ese cuento de que con tres leyes y diez o veinte políticos corruptos presos se acabó la mafia, es una mentira.

Lo que necesitamos es mejorar nuestra cultura en general, lo que urge es sembrar valores en la juventud y recuperar la confianza en las instituciones.  Pero eso no se logra dando un golpe de Estado hoy, y dejando a los mismos corruptos y corruptores como titiriteros de los nuevos payasos.

Yo no estoy de acuerdo con lo que sucede en el país y repudio toda la red de mafias que manejan el Estado y la iniciativa privada, y claro que quiero que esto cambie y que se establezcan las bases para una verdadera democracia, por medio de una mejor ley electoral, pero eso para mí, no es suficiente.

Hay que refundar el Estado y fortalecer nuestra democracia, hay que hacernos oír, hay que protestar, hay que gritar, hay que señalar y sobre todo, construir desde nuestros hogares y nuestro trabajo, la patria que queremos.

A mí no me importa quien llegue al poder, pues le toque al que le toque, aquí me va a encontrar listo y dispuesto a seguir luchando.

Llevamos publicados 61 números de la Revista C4, y cada uno lleva un anhelo nacionalista, y declara un combate abierto en contra de la corrupción, las mafias y la injusticia. Tratamos de construir conciencia para un nuevo despertar.

Es cierto que a veces quisiera cerrar los ojos y vivir en un país diferente, a veces quisiera bajar la guardia y ser absorbido por el cómodo sistema económico, a veces me siento inútil, impotente y cobarde, luego empiezo a soñar y despierto valiente y con ¡esperanza!  Y eso es lo que me anima a seguir y a seguir en esta lucha: ¡yo no me rajo!

Los grandes corruptores y manipuladores de la sociedad nos distraen con caramelitos informativos, levantan cortinas de humo, a la medida de su necesidad política y nosotros no nos podemos dejar engañar por esto… Permanezcamos firmes en el propósito de una mejor sociedad, cuestionemos todo y hagamos una revolución interior, en contra de la alienación mediática. Refundemos el Estado, refundemos nuestra conciencia.

 

Carlos Mencos y el chiste de los finiquitos

Todo el sistema es un chiste, y la ley está de adorno. Hay candidatos que son reconocidos a todo nivel por su carrera como funcionarios corruptos y otros que tienen proceso abierto y a punto de ir a la cárcel, pero como dicen en el Organismo Judicial: “Hecha la ley y hecha la trampa”, así que ahora, cuando estos funcionarios corruptos se ven acorralados y sin finiquito para inscribirse en la misma CGN (Contraloría General de la Nación), los mandan a que saquen un amparo y así poder burlar la ley… ¿Qué le pasa al Contralor Carlitos Mencos? ¿Será que no tiene visión política? ¿O que convenientemente emitirá finiquitos para no levantar olas de incomodidad?

Negocios de última hora

En los partidos políticos se transaron los puestos, se negoció la ideología, se traicionó al amigo, al correligionario. Los caciques hicieron valer su peso económico y pusieron a un montón de paracaidistas arrimados. Urge cambiar las reglas del juego político partidario.

Justicia sin dientes

Las acusaciones se dan por miles, pero las pruebas son escasas, los jueces venden su veredicto y la ley los apoya. El pueblo perdió la fe y la justicia necesita recuperar la credibilidad. ¿De qué nos sirve que estén destituidos, si no van a la cárcel y devuelven lo robado?

 

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