“Las debilidades de la democracia, se mejoran con más democracia”

Estamos viviendo momentos intensos en nuestra bella Guatemala, y las ideas nos alejan en lugar de buscar puntos de encuentro. Los que defienden el Estado de derecho y los que buscan cambios en la administración se enfrentan y se olvidan de que son hermanos y que el fin último, es el bien común. El sistema democrático debe cambiar.
Para mejorar el sistema político de Guatemala, urge una nueva Ley Electoral. Es imprescindible tener más y mejor participación ciudadana y para eso, necesitamos que la ley incluya: 1) Distritos electorales pequeños: Para una participación verdaderamente representativa de área geográfica, al reducir los distrititos, cada candidato va a ser alguien cercano a la comunidad y por lo mismo, cuidará mejor su distrito y las campañas serán de menor costo, lo que se traduce en más independencia en el momento de ser electos. 2) Votación por persona y no por listado: Es necesario romper la mafia de la venta de posiciones tanto para el Congreso como para el Consejo Municipal. 3) Participación de comités cívicos: es importante quitarle el monopolio político a los partidos, lograr que organizaciones regionales puedan lanzar candidatos a alcalde y diputados. 4) Reducir el número requerido de afiliados y su extensión geográfica: Esta medida buscaría abrir la participación política de grupos nuevos y así oxigenar la política tradicional. Sin organización, no hay candidato: si un partido o comité no tiene organización en el área, no puede postular candidato.

Con una mejor Ley Electoral, podremos evolucionar hacia un país productivo, seguro y sobre todo, con más justicia social; todos queremos un país sin corrupción y para eso, hay que establecer puentes y rutas para mejorar nuestro sistema democrático y recordemos que: Las debilidades de la democracia, se mejoran con más democracia.

 

En río revuelto… ganancia de corruptos y corruptores

El presidente Jimmy Morales, heredó un gobierno cooptado por grupos políticos obedientes a los poderes fácticos, con raíces en gobiernos anteriores.

La falta de equipo político y de cuadros medios capacitados y formados en un proyecto de nación, lo empujó a la improvisación. De buenas intenciones está lleno el camino del infierno, así que no basta con los “buenos” deseos del  presidente, pues las mafias extienden sus tentáculos hasta los rincones más oscuros de la administración pública y con la resistencia pasiva de corruptos, los verdaderos cambios profundos que necesita Guatemala, no se pueden realizar.

Fortalecer la educación, transparentar la gestión pública, tomar medidas drásticas en contra de la evasión, replantear la Ley de Minería, impulsar la Ley de Aguas y Antimonopolio y evitar la contaminación y muchas medidas más, requieren de respaldo popular, discurso político y carácter, pero no sólo del mandatario sino de todo un equipo.

Jimmy Morales no ha tenido la fuerza para enfrentar a las mafias políticas y a la oligarquía conservadora de Guatemala.

El caos y la ingobernabilidad son tierra fértil para que todo continúe igual y así mantener el control del país.

J.F. Kennedy dijo: “Se puede ganar con la mitad, pero no se puede gobernar con la mitad en contra”. Si el gobierno y la sociedad civil organizada, no propician el diálogo, todos vamos a pagar las consecuencias del caos institucional y en ese río revuelto, sólo ganan los corruptos y los corruptores.