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Editorial: Comodidad vrs complicidad Por Richard Shaw

Comodidad vrs complicidad

Por Richard Shaw

Hace algunos meses un buen amigo me recomendó bajarle el tono a las críticas, ser más prudente en mis comentarios y dejar a un lado la indignación por los problemas nacionales.

Mi buen amigo argumentaba que vale más la paz interior que las cóleras, problemas y enemigos que uno puede ganar en el des agradecido camino de los rebeldes y contestatarios.

Debo aceptar que es agotador y frustrante para un periodista o político luchar en contra de la corriente, a veces la realidad parece imposible de cambiar y continuar  en contra de lo establecido es un camino adverso y agresivo, es como nadar en contra de la corriente.

Hay quienes me dicen constantemente que me la paso comprando problemas ajenos, que en mi afán de un mejor país, una mejor sociedad y una vida más digna para todos, estoy arriesgando la mía y sé que tienen razón; sin embargo no puedo dejar a un lado mi visión critica, pues estoy infectado con el virus de la razón y el amor a la verdad.

Cada uno de nosotros tenemos un concepto de felicidad, todos soñamos con nuestro propio paraíso, con nuestro propio Nirvana, Vaikunta o con su cielo personal, pero mientras el momento del juicio final llega, hay que entender que estamos en la tierra y podemos escoger entre vivir aceptando y resignados o decidir luchar por lo que creemos justo y correcto.

Para mí la felicidad debería estar en la lucha, en el servicio al prójimo, en el camino que vivimos hoy más que en el cielo prometido.

Ruego al cielo por mantener vivo el anhelo por un mundo mejor, por tener la fuerza y el coraje para construirlo, pido gracia para no caer en el conformismo y la indiferencia.

Cuando vemos una injusticia podemos voltear la cara y evitar ser lastimados o podemos ver de frente a la maldad y luchar en contra de ella. Defender lo correcto puede tener consecuencias adversas y dolor… pero duele más ser indiferente o parte de la injusticia.

Cuando se lucha por la verdad y se espera cambiar la sociedad, los adversarios van a estar escondidos en cada esquina, esperando por la oportunidad de cercenar nuestros sueños, de minar nuestros valores, de sembrar el desconsuelo, de fomentar el conformismo, de alejarnos de la lucha, de comprar nuestra voluntad. De distraernos del objetivo final.

Los que son cómplices de la injusticia necesitan que todos sean igual de cobardes, igual de conformistas… Para los peones del mal, la existencia de soñadores que  estén dispuestos a arriesgarse por cambiar las cosas es un cuestionamiento directo a su mediocridad.

Mahatma Ghandi dijo: “Lo más atroz de las cosas malas es el silencio de la gente buena” y yo agregaría igual de malo es ser parte de un sistema viciado y aprobarlo por comodidad, para evitar la confrontación o el riesgo de caer en la batalla, por eso yo no me callo, no acepto la corrupción, no bajo la mirada y no me voy lejos… Aquí estoy y aquí me quedo luchando en solitario por mis sueños y mis ideales.

 

Si huyo pierdo, si cierro los ojos soy cómplice y si no actúo soy cobarde.

Un juez le dijo a un hombre que había sido víctima de un funcionario abusivo que: “Los débiles se vengan, los fuertes perdonan, pero que el más fuerte tan solo ignora”… El juez no quería tener que condenar o hacer algo en contra del funcionario abusivo, no quería tener que actuar, ni evidenciarse, ni tomar partido y ante esto el hombre que había sido abusado lo miró fijamente y le contestó: “La justicia no es venganza, lo correcto es lo correcto, la ley es la ley. Me pides que perdone y eso ya lo hice, siento lástima por esas almas atribuladas que actuaron en mi contra, pero si no me defiendo de la tormenta esta me va ahogar. Si no lo hace hoy lo hará mañana”.

 

Dicen que evitar no es cobardía y que es mejor vivir en paz y lejos de los problemas, pero yo no estoy de acuerdo con eso, creo que debemos ser parte de la solución y no cómplices del problema.

Si mi sangre hierve de indignación por la pobreza, la corrupción y la injusticia, es porque estoy vivo, si sufro por el dolor ajeno y no soy capaz de voltear la mirada, es porque aún tengo amor a la vida; si señalo y lucho por cambiar lo que considero injusto es porque prefiero vivir de pie a doblegar mi, rodillas ante el dictador  y sus injusticias.

Guatemala necesita de soñadores, de hombres que estén dispuestos a luchar por la incertidumbre de un mejor futuro, Guatemala nos necesita a todos. Un viejo refrán dice: “Ningún soñador es demasiado pequeño, ni ningún sueño es demasiado grande”. #sisepuede