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¡Comprar afuera y el desconocimiento burocrático!

Una sociedad que participa y cuenta con la información suficiente para organizarse es, sin duda, el mejor aliado para las labores gubernamentales”’. Michael Barzelay, ‘”Atravesando la Burocracia”.

Por: Edgar Balsells

Interesante resultó ser la entrevista realizada por Christians Castillo el viernes pasado en un medio televisivo local al ex ministro de Finanzas Julio Héctor Estrada y al experto en transparencia Marvin Flores, quienes incluso con enojo criticaron las más recientes adquisiciones fallidas en el Ministerio de Salud, formulando una serie de propuestas urgentes, como comprar afuera, es decir acudir directamente a las fábricas productoras internacionales, conocidas como BIG PHARMA.

Para comprar afuera se requiere de sofisticados instrumentos de inteligencia de mercado que ni por asomo los y las jefes de compra y los oficiales del sistema nacional de salud, si se le puede llamar sistema, conocen ni practican en su ejercicio burocrático interno. A partir de la reforma sectorial de la salud, empujada por el gobierno de Álvaro Arzú, y que todavía tiene importante trascendencia en el sector, se acostumbró a la práctica de los famosos contratos abiertos. Los mismos determinaron que una sociedad anónima interna, detentando el poder de tal o cual patente de marca, vendiera al por mayor en el Estado, incluso prorrogando casi sempiternamente sus beneficios, embodegando los medicamentos transados por ellos con la BIG PHARMA y distribuyéndolos hasta los más recónditos rincones dependiendo de la ubicación de tal o cual unidad ejecutora pública.

El mecanismo hizo aguas a partir de las indagaciones del Ministerio Público y la CICIG desde abril del 2015 y con mis propios oídos escuché de gente como el actual diputado Carlos Mencos, quien hoy se presenta con una nueva fórmula de contrataciones desde su curul, que los contratos abiertos se tratan de “un sistema amañado”. Mientras tanto, el cúmulo de unidades ejecutoras, fragmentadas todas ellas, léase las del IGSS, las del ministerio y las de sanidad militar, intentan disparar sus procesos de cotización y licitación, que a menudo caen, y con ello, mientras se monta el nuevo proceso licitatorio, se arranca con  abundantes compras directas, atomizadas, siendo entonces que el comerciante interno, que posee la patente de tal o cual casa de la BIG PHARMA, sigue haciendo su agosto, sin que exista nunca un contacto directo entre las oficinas burocráticas de la compra de la salud y las casas proveedoras industriales de Atlanta, Munich o importantes zonas industriales de California o de distritos tecnológicos de la India, en donde se está produciendo una revolución de los medicamentos e insumos quirúrgicos de menor precio y buena calidad.

En tal sentido, comprar afuera, en una emergencia resulta ser algo así como pedirle a un piloto de avioneta que maneje un sofisticado jet de combate.

Y es que la burocracia de las compras de la salud, lo que hace rutinariamente es publicar en Guatecompras el próximo concurso, a través de bases elaboradas por los equipos médicos públicos (quienes también se desempeñan en su mayoría en sus clínicas privadas), y las juntas de licitación  sorteadas simplemente deben calificar a sociedades anónimas internas, de las que si mucho se conoce a los gerentes y  representantes legales, quienes se las han ingeniado para comerciar en el medio los más sofisticados medicamentos y equipos, que a través incluso de acuerdos de libre comercio que  están protegidos hasta por veinte años, si se trata de moléculas apetecidas por la cura de amplio espectro. Es así como se desconoce de precios internacionales y además se carece de bodegas y sistemas de distribución interna, siendo entonces que el comerciante interno de la salud lo que hace es eso: embodegar y distribuir, al ritmo de acción de los inventarios públicos.

Temas como el uso de genéricos, el apoyo de laboratorios nacionales a bioequivalencias, el impulso de la producción nacional, como se hace en Argentina o en México, y demás entuertos relacionados con una compra responsable, como incluso lo hace la Casa Blanca, sentándose tú a tú con los grandes productores, e imponiendo precios tope para compras multianuales, son toda una utopía en este mundillo de parcelas y fragmentaciones que amparan la política de salud “a la chapina”. El tema así tiene que ver con muchas aristas, y como lo están martillando especialistas en la pandemia como Edwin Asturias y Erwin Calgua, la unidad entre los científicos, los médicos y los expertos en regulaciones y coordinación pública y privada resulta ser la exigencia del momento para hacerle frente a esta, y digo yo, las futuras pandemias y riesgos de la sociedad global.

“La unidad entre los científicos, los médicos y los expertos en regulaciones y coordinación pública y privada resulta ser la exigencia del momento” (EB)

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