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Carta de un habitante del Sur al resto del mundo: Ser del Sur es una maldición.

¿Entienden lo que estoy diciendo? Ser del Sur es estar prácticamente condenado a que comer sea un privilegio. No digamos ya otros «lujos» como leer y escribir. Y muchos menos tener acceso a la educación superior. Casa propia, vehículo, viajar, esos son ya lujos bizantinos, inconcebibles. Entre los nuestros, comer todos los días es ya una bendición. Nadie sueña con ingresar en ese selecto grupo del dos por ciento de nuestra población que termina estudios universitarios. Y faltándonos las cosas básicas como comida o agua potable, o techo, o inmunizaciones a temprana edad contra enfermedades que en el Norte ya han sido derrotadas, mucho menos nos preocupa poder tener otros beneficios de la civilización como teléfono, automóvil, aire acondicionado o mil productos más que vemos a la distancia -y que, de todos modos, nos los ofrecen hasta el hartazgo diciéndonos que con todo eso se consigue la felicidad, el progreso, el avance-. Utilizar internet en la tan cacareada «sociedad de la información» es un privilegio que apenas se nos ocurre en el Sur, porque, en general, ni tenemos para pagar el servicio.

Ser del Sur es una maldición.

Sí, sí… así como oyen, con todas sus letras: ¡una maldición! ¿Cómo entender, si no, que por el solo hecho de nacer, un ciudadano del Sur -bueno, un bebé, que no sé si ya lo podemos considerar ciudadano- ya está debiendo 5.000 dólares a los bancos del Norte? ¿Alguien puede explicar eso? Si la consigna del Banco Mundial -supuestamente una organización al servicio de toda la Humanidad- es: «Nuestro sueño: un mundo sin pobreza», ¿cómo resulta posible que sea el encargado de cobrar puntualmente una deuda ficticia, infame, inmoral, contraída en condiciones denigrantes y que nos condena a la postración desde el momento mismo en que venimos al mundo? ¿A algún deudor del Sur le sirvieron de algo esos 5.000 dólares? Yo, puedo asegurarlo, jamás vi esa cantidad de dinero todo junto. Ni seguramente la vaya a ver… a no ser que me dedique a negocios ilícitos, como el tráfico de drogas.

Nos ven como delincuentes

Y a propósito, algo que me parece muy importante remarcar: a nuestra gente del Sur, desde el Norte se la ve prejuiciosamente siempre casi como delincuentes. Es cierto que por aquí se producen las materias primas para elaborar los estupefacientes que se venden en las calles, discotecas, clubes, universidades, Congresos y demás sitios del Norte. Pero ¿por qué siempre se nos criminaliza, poniéndonos como los «malos de la película», difundiendo el mensaje que en nuestras tierras está el centro de ese infame negocio, cuando son los ciudadanos del Norte quienes consumen las drogas ilegales? Y algo más: pongamos por ejemplo la hoja de coca, que se cultiva en el Altiplano andino: Bolivia, Perú, Ecuador, y desde hace unos años en Colombia. ¿Saben cuánto se le paga el gramo de coca a un campesino que lo siembra en estas agrestes montañas? Un centavo de dólar. ¿Saben a cuánto se vende el gramo de cocaína en New York? ¡100 dólares, o más! ¿Somos nosotros, los sureños, los responsables de que un joven se drogue en New York, en Londres o en París? Además… ¿solo del Sur son los grupos que trafican estas porquerías? ¿Sabían ustedes que entra una tonelada y media por día de droga a Estados Unidos?, entre cocaína, marihuana, heroína y algunas otras «preciosuras». ¿Quién las distribuye allá? ¿Solo en el Sur está la «maldad»? En todo caso, pienso que esa es una perversa estrategia para seguir controlándonos, militarizándonos, «certificándonos», como ampulosamente se dice. ¿Se imaginan si desde el Sur se «certificara» la conducta de los gobiernos del Norte? Seguramente, saldrían siempre reprobados.

Podrán decir, quizá, que hablo con resentimiento.

No es así. Hablo con mucha cólera, muchísima. ¡Y no lo oculto! Digo todo esto profundamente enojado, pero no con resentimiento. Sé que en el Norte también hay blancos pobres. Y muchos. Sé que no toda esa población nos desprecia y se aprovecha de nosotros. ¿Por qué reaccionaron recientemente los llamados «chalecos amarillos» en Francia protestando por su empobrecimiento? También por allá hay problemas, por supuesto. O, en todo caso, entiendo que si la conciencia generalizada allá es racista y la gran mayoría de la gente mira con desdén a quienes no usamos una tarjeta de crédito o saco y corbata, o tacones las mujeres, por lo que nos siguen tratando de «incivilizados», ello tiene una historia.

Explotación general

La explotación no se da sólo hacia los pobres y no-blancos del Sur. También en el Norte hay explotación, injusticias, exclusión; y si el ciudadano medio de estas sociedades opulentas lo único que considera y le importa de verdad es tener la refrigeradora llena de comida, el automóvil en la puerta de su casa y un aparato de televisión o el teléfono celular inteligente para distraerse (¿no es eso también una tremenda forma de pobreza humana?), entiendo que todo eso tiene una explicación. Si durante siglos se les dijo que «ellos» eran la avanzada del planeta -y gracias a nuestro trabajo, como esclavos en muchos casos, y merced a los recursos que nos robaron y siguen robando en cantidades monumentales, su calidad de vida ha sido superior a la nuestra este último tiempo- es totalmente comprensible que se terminen creyendo la historia de la «superioridad». Pero insisto: no hablo desde un sentimiento. Lo que digo son puras verdades. Yo no odio a los blancos; en todo caso me rebelo contra la discriminación, contra la injusticia. Y los ciudadanos del Sur, lamentablemente, sabemos demasiado de esto porque lo sufrimos a diario. ¿Se imaginan, como hace ahora Evo Morales en Bolivia, que no les den permiso a los «gringos» para entrar a nuestros atribulados países y les pongan trabas, tal como nos lo hacen a nosotros en el Norte? Eso es impensable en nuestras naciones empobrecidas. Al contrario, por eso que se llama malinchismo (¿recuerdan la historia de la princesa Malinche, en México?), los «morenitos» del Sur adoran a los «rubiecitos» del Norte. No es concebible que un blanco se pinte el cabello de negro… ¡pero sí al revés: que un morenito, o un «sub-desarrollado» del Sur se tiña de rubio para igualarse con los «triunfadores»! Solo como comentario marginal: sabrán ustedes que los primeros seres humanos, el Homo habilis, hizo su aparición bípeda y trabajando, tallando la primera piedra, hace dos millones y medio de años, en lo que hoy se conoce como África, en la zona de los Grandes Lagos. De ahí, por puro espíritu aventurero, se esparció por todo el planeta, buscando nuevos horizontes, investigando, adaptándose a todos los climas. En el Norte, en las regiones frías, perdió su pigmentación negra -necesaria para soportar los tórridos soles tropicales- y tanto el cabello como los ojos se le aclararon. En otros términos: los blancos «triunfadores» -que cualquier pobre del Sur desea imitar- son, en definitiva, negros desteñidos.

También dentro del Sur mismo se dan injusticias.

No debemos quedarnos con la idea que los blancos del Norte son «malos» por naturaleza y el Sur es un paraíso de «buenos primitivos incivilizados» arruinados por la civilización de los blancos. Eso sería absolutamente injusto; y, además: una estupidez (mito del «buen salvaje» le llamaron, ¿verdad?). En nuestras tierras, desde que hay historia registrada, se sucedieron imperios, guerras, conquistas, sistemas esclavistas, sacrificios humanos, hambrunas provocadas, injusticias. Eso no es nuevo ni es invento del Norte. Pero ahora, en estos últimos siglos, dado la tecnología que en esa parte del mundo se logró desarrollar, las diferencias se hicieron tan odiosas, tan oprobiosas que no podemos menos de levantar la voz ante ello con toda la fuerza. Por ejemplo: los «desarrollados» del Norte disponen hoy de una cantidad de armamento nuclear tan grande que, de hacerse explotar en su totalidad, borraría toda forma de vida sobre la superficie de nuestro planeta produciendo una onda expansiva tan fenomenal que llegaría hasta la órbita de Plutón. Pero esta supuesta proeza técnica no impide que cada siete segundos muera de hambre alguien en el Sur. ¿Les parece que no es motivo suficiente para estar hondamente encolerizado? La cadena de basura rápida, perdón: de comida rápida Mc Donald’s bota cada dos horas la comida que no se vendió. ¡Inconcebible!, ¿verdad? (Lea las conclusiones en la siguiente pagina)

No debemos quedarnos con la idea que los blancos del Norte son «malos» por naturaleza y el Sur es un paraíso de «buenos primitivos incivilizados» arruinados por la civilización de los blancos. Eso sería absolutamente injusto.

¿Sabían que en los países prósperos (prósperos a nuestras costillas, claro…) hay psicólogos para perros? Cuesta creerlo, ¿no es cierto?, ¡pero es así! ¿No hay motivo para la cólera entonces?

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