Origen y efectos

La percepción positiva o negativa de una persona o institución es importante y afecta su desempeño. Las campañas de desprestigio pueden tener la intención de destruir, sin embargo, a veces los ataques en lugar de destruir al enemigo, lo fortalecen y eso se conoce como psicología inversa. ¿Quiénes atacan a la CICIG? ¿Será que han logrado sus objetivos? ¿Ha bajado su popularidad, se ha victimizado o salió fortalecida?

Por Richard Shaw / C4

El comisionado Iván Velásquez, comentó en su cuenta de Twitter: “Las campañas de desinformación son una modalidad de guerra sicológica a la que acuden las estructuras criminales que se resisten a desaparecer”, con esta afirmación, el comisionado descalifica la motivación y origen de cualquier crítica, pero recordemos que desde el inicio de la Comisión Internacional Contra la Impunidad hemos visto ataques constantes en su contra… ¿Cuáles son sus orígenes y efectos?

De la   CICIG,  y  sus diversos comisionados se ha dicho de todo, se les acusa de intervencionistas, de propagadores del socialismo, de justicia selectiva, de encubridores de las elites,  de invasores jurídicos, de inventar pruebas, en fin, se ha dicho de todo.

Origen de la crítica

No quiero entrar en el campo de la evaluación política subjetiva que se pinta de colores ideológicos, más bien, quiero hacer notar que el origen de las constantes críticas a la gestión de la CICIG, nace desde su gestación política, ya que cualquier cambio en las reglas del juego que ponga en peligro la estabilidad del Status Quo, genera anti cuerpos y este es el caso de este experimento internacional que busca mejorar la aplicación de la justicia.

Hay adversarios opuestos por razones ideológicas, que señalan las supuestas tendencias izquierdistas de los miembros de la “Comisión”, otros tienen un rechazo producto del miedo a ser señalados y otros ven en este ente supranacional, intocable y sin control, un peligro constitucional.

Si recordamos cuando vino el comisionado Castresana, a él se le acusó de ser sirviente de las élites económicas, de vida licenciosa, de poca efectividad, de perseguir a sus propios investigadores, de discrecionalidad en los casos, de no hacer nada y lo más popular, fue cuando se le acusó de crear una fantasía alrededor del caso Rosemberg, para salvar al gobierno de Álvaro Colom. Del comisionado Dall’Anese, se dijo muy poco y es que él no levantó muchas olas (pasó sin pena ni gloria), sin embargo, al actual comisionado, Iván “el Terrible” Velázquez, le han llovido críticas por todos lados, se menciona desde su relación con la guerrilla colombiana, pasando por la utilización de testigos falsos, hasta su supuesta renuncia por padecimientos de cáncer. Sobre este tema, Diego Álvarez, portavoz de la Cicig, comentó a los medios de comunicación que: “El comisionado Velásquez ha sido víctima de campañas de desprestigio desde que desempeñó varios cargos judiciales en Colombia”, y agregó que: “Se anticipaba algo similar en Guatemala, y no es raro que las personas que están siendo perseguidas por la justicia quieran menoscabar a quienes los conducen ante la Ley”, afirmó.

Los efectos de la campaña negra en contra de la CICIG

El impacto de las campañas en contra del funcionamiento de la CICIG, se puede evaluar según el segmento de la audiencia analizada.

A nivel de elites económicas:En este segmento de la población, las campañas de desprestigio si tienen el resultado deseado, generando detractores, sin embargo, estas élites actúan de manera “políticamente correcta”, por lo cual aceptan públicamente (pero con cierto nivel de incomodidad), la necesidad de un ente investigador internacional que combata la corrupción, (en la que algunos están untados),  sin embargo, muchos de ésos que aparecen en foros, columnas de opinión y fotos apoyando a la CICIG, y al Ministerio Público,  son los que patrocinan económicamente las campañas en redes sociales y que mantienen vigentes a los adversarios que dan la cara por ellos.

Los “Badboys” o las estructuras criminales: Este grupo es antagónico a la CICIG, por lo cual, ya son una audiencia cautiva. El impacto de las campañas alimenta su esperanza de seguir operando las redes de corrupción. Son también posibles patrocinadores de figuras individuales o colectivas que dan la cara por ellos.

Los intelectuales del derecho y profesionales del Organismo Judicial y el Ministerio Público: Este segmento de la sociedad está amedrentado, asustado, ahuevado y cooptado por el temor. Ellos, más que nadie, han sentido el peso mediático y político de la CICIG, algunos están amarrados por las élites económicas y el crimen organizado y cuando son expuestos a campañas de desprestigio en contra de la CICIG, se congratulan en lo privado y se envalentonan para actuar bajo la consigna de la resistencia pasiva, o si el compromiso es grande, hasta se animan a retar a la sacrosanta inquisición de la ONU. Las campañas en este grupo, tienen dos efectos: 1) Empoderamiento para la resistencia pasiva. 2) Incremento de la percepción del poder que tienen el MP y la CICIG.

La clase política: Con respecto a la relación con la CICIG, en la fauna política podemos identificar a: los camaleones, las tortugas y a los gallitos de pelea. 1) Los camaleones: son los que se prestan al juego político de la CICIG, por simple supervivencia, son los que con tal de ser “políticamente correctos”, actúan, dan declaraciones y hasta legislan en contra de su supuesta ideología, evidenciando su afinidad con la línea invencible de la Comisión, el MP y la Embajada. Este grupo actúa en varios escenarios, dependiendo de su propio interés. Para los camaleones la CICIG, es un ingrediente incómodo de la realidad nacional y aunque Iván Velázquez y sus aliados crean que los tienen amedrentados, convencidos o asustados, estos camaleoncitos, cual ratas asustadas, en cualquier momento sacan las uñas y son a los que las campañas negras tratan de convencer de que se pueden zafar de la presión. 2) Las tortugas: son fácilmente identificables, ya que quieren pasar desapercibidos, esos ni huelen ni hieden y cada vez que la presión política se intensifica, prefieren enconcharse; ellos no dicen nada, no opinan nada, no reacciona ante las críticas, ni participan de los homenajes; ellos no accionan y navegan con bandera de babosos, en un acto de cobarde prudencia. 3) Los gallitos de pelea: son también fáciles de identificar, esos se la pasan cacareando  en contra de la CICIG y sus aliados, son nacionalistas, legalistas, lógicos, irónicos y dicen lo que todos saben pero no se atreven a decir, sin embargo, su caja de resonancia es muy poca. Ellos son la supuesta cara visible de la campaña de desprestigio, lo cual los hace héroes para unos y los sataniza ante otros.

Los comerciantes: ante la crítica hacia la CICIG, este grupo está en la posición de espectador, vive más preocupado por resistir la crisis económica y ya perdió la capacidad de asombro. Sin embargo, todos los argumentos que se usan en contra de la CICIG, genera en ellos un sentimiento adverso, es decir, de solidaridad, pues aceptan con más facilidad la propuesta de que es campaña negra, motivada por el temor.

Los medios de comunicación: Estos podrían dividirse en los masivos y los alternativos. 1) Los masivos: tratan de mantener una línea “políticamente correcta”, presentando con poco entusiasmo y cobertura las críticas hacia la CICIG  y el MP; algunos le dan cobijo a los operadores políticos que han levantado la bandera anti CICIG, pero esta acción editorial, más que una estrategia de medios, es una acción de motivación económica que responde a la necesidad de congraciarse con las élites (sus anunciantes), que no dan la cara, pero que en lo privado mantienen un recelo hacia las acciones que los afectan o que podrían llegar a incomodar.  2) los medios alternativos de menor impacto: tienen motivaciones diferentes a las netamente comerciales, de los “mainstream” (línea mediática principal), las revistas y medios electrónicos, con una visión ideológica. Mantienen una línea editorial crítica hacia lo políticamente correcto, siendo ésta la fuente de su aceptación. En algunos se puede notar la orquestación de sofisticadas campañas de inducción de opinión. El impacto de una campaña de desprestigio en contra de la CICIG y el MP en los medios de comunicación, depende de su agenda setting (línea editorial), eso puede convertirlos en cajas de resonancia o escudos defensores, creadores de la victimización.

La clase media feisbuquera: en este amplio segmento de individuos, las campañas de desprestigio quieren sembrar la duda, alimentar el morbo, polarizar políticamente a la población, levantando banderas de insatisfacción, sin embargo, el trabajo de la actual Comisión, publicitando los casos de alto impacto y el trabajo de multiplicadores ideológicos de las organizaciones “políticamente correctas”, se encargan por medio de sus activistas de reducir los ataques. Analizando los re-tweets, comentarios anti CICIG, en perfiles de Facebook y, la cantidad de veces que se comparte es inferior a los de apoyo. Esto sólo denota que el impacto negativo se ha convertido en una victimización.

La masa: permanece como espectadora en el circo de los dimes y diretes que generan tanto los ideológicamente motivados (en este grupo están los de izquierda y derecha), los ataques de poderes fácticos y las defensas oficiosas de los “class and political climbers”, es decir, los escaladores sociales y políticos que se arriman al árbol que mejor sombra les dé. El pueblo, la masa, el groso, la chamuchina o como dirían los elitistas: “La shumada”, está más preocupada por subsistir que por las batallas mediáticas. Esa gente no tiene ni tiempo ni pisto para pararse media mañana bajo el sol, para protestar por el color político del comisionado o la fiscal. En ellos, las campañas negras son parte del triste espectáculo que protagonizan los políticos y empresarios corruptos.

La comunidad internacional: este selecto grupo de diplomáticos y funcionarios internacionales, tiene bien clara su posición política y aunque ninguno estaría de acuerdo en establecer una CICIG en su país, en sus declaraciones, comentarios y actos de solidaridad, siempre aparecen haciendo lo “políticamente correcto”. En ellos, las campañas anti CICIG y MP sí calan, sí afectan y sí los ponen a pensar; sin embargo, su parecer es poco importante pues obedecen a estrategias geopolíticas establecidas desde sus respectivas cancillerías o patrocinadores.

  • Las acusaciones, cabildeo político negativo y campaña negra en contra de la CICIG, y el Comisionado Iván Velázquez, en lugar de satanizar su gestión, sólo han logrado victimizarlos y fortalecerlos a nivel internacional.
  • Considerando lo anterior, el origen de la campaña negra no sólo puede ser atribuida a los detractores, sino que a la misma CICIG o a organizaciones afines.
  • La campaña negra en las redes sociales y medios alternativos en contra de la CICIG, impacta muy poco al segmento que toma decisiones reales en Guatemala y el mundo.
  • La campaña negra permite evidenciar a los adeptos y a los afines, lo cual es un mapeo gratuito en la guerra mediática y política.
  • El resultado de victimización se ha traducido en una campaña solapada de relaciones públicas y demostración de fuerza política, por medio de constantes muestras de apoyo que son ampliamente difundidas en los medios de comunicación masivos.
  • Las repetidas visitas internacionales y manifestaciones de apoyo son parte de una respuesta orquestada y bien estructurada.
  • La temporalidad en la operativización de los casos y creación de expectativas, son elementos que contribuyen a mantener la aceptación y apoyo hacia la CICIG.