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Adicción a la Tecnología: ¿Por qué nos obsesionan las pantallas?

Los productos digitales generan respuestas en el cerebro similares a las del abuso de sustancias. Una persona pasa casi tres horas al día pegada a su celular y lo coge un promedio de 39 veces al día (según datos de la aplicación Moment). Dos tercios de los adultos sufren de privación crónica del sueño, una enfermedad moderna cada vez más común debido al uso de smartphones, libros electrónicos y otros dispositivos que emiten luz  y ahora ya existen clínicas destinadas a rehabilitar a adictos a internet, videojuegos y la realidad virtual?.

Por: Guillermo Tupper

En el pasado, la mayoría de la gente vinculaba el término ‘adicción’ a sustancias químicas, como heroína, cocaína o nicotina. Pero investigaciones recientes han demostrado que las adicciones conductuales generan las mismas respuestas en el cerebro que el abuso de sustancias. En ambos casos, distintas regiones cerebrales liberan dopamina, la cual se anexa a los receptores del órgano central de nuestro sistema nervioso y le permiten producir una intensa carga de placer.

“Ciertamente –complementa el autor–, somos susceptibles de caer en la adicción cuando tenemos una necesidad psicológica que puede ser satisfecha por una experiencia o sustancia. Si te sientes solo, por ejemplo, puedes inclinarte a encontrar amigos en un juego como World of Warcraft y te resulta difícil dejar de jugarlo”.

Nuestra dependencia de la tecnología interrumpe nuestra rutina de trabajo y vida diaria y trae múltiples efectos negativos. “El e-mail, por ejemplo, nos impide ocuparnos completamente en el trabajo. Algunos estudios sugieren que toma 25 minutos involucrarte profundamente en tu tarea original si dejas de revisar tu correo. Por lo tanto, si lo revisas todo el día, vas a estar trabajando en un nivel de compromiso poco profundo la mayor parte de la jornada”

El poder del ‘like’

 

En diciembre del 2014, durante unas vacaciones familiares, el español Gustavo Entrala (46 años, experto en innovación digital y fundador de la agencia de publicidad 101) se dio cuenta de que estaba mucho más pendiente del teléfono y de las notificaciones de las redes sociales que de la gente que lo rodeaba. En simultáneo, ya había notado cómo disminuía su concentración en el trabajo. “Me costaba mucho abordar las tareas que tenía pendientes, y siempre encontraba una buena excusa para poner un tuit o mirar cuántos retuiteos había tenido”, relata. “Las redes sociales –sentencia– son como unas muletas para momentos de cansancio y aburrimiento y, sin querer, empiezas a acudir a ellas para procrastinar”. Para él, un like era una forma de dar y recibir “reconocimiento y afecto”. Y esta adicción empezó a tener efectos en su vida personal.

 

¿Cómo salir?

 

Según los expertos, hay muchos tratamientos potenciales, que van desde los neurobiológicos (farmacoterapia), cognitivos (terapia cognitivo-conductual) hasta el reciclaje atencional. “No podemos renunciar a ellas, pero podemos usarlas con menos frecuencia”, dice Alter. “Por ejemplo, no usar pantallas entre ciertas horas del día, no dormir con nuestros teléfonos al lado, programar caminatas al aire libre y conversaciones cara a cara, negarse a usar tecnología en la mesa, y así sucesivamente. Esos ajustes juegan un papel importante en reducir su grado de invasión en nuestras vidas”, concluye el autor.

Según expertos, el comportamiento cerebral de un adicto a las redes sociales no difiere demasiado del de una persona que se instala frente a un tragamonedas. “En lugar de dinero, las personas que reciben likes a sus ‘posteos’ son recompensadas con un sentido de aprobación social”, dice Mike Dixon, neurocientífico cognitivo en el Departamento de Psicología de la Universidad de Waterloo

 

“El cerebro responde de la misma manera a los comportamientos adictivos que a las sustancias adictivas, aunque la respuesta es más débil a los comportamientos, ya que estos no actúan directamente en el cerebro, como lo hacen las sustancias”, señala Adam Alter (36 años, profesor de Marketing y Psicología de la Universidad de Nueva York)

 

Nota original de : GUILLERMO TUPPER publicada en EL MERCURIO (CHILE) / GDA adaptación de C4

 

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