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A LA INJUSTA REALIDAD HISTÓRICO-SOCIAL DE GUATEMALA, SE SUMÓ EL IMPACTO DE UNA PANDEMIA INESPERADA.

«La pandemia de Covid-19, fue esa mano invisible que encontró el interruptor de luz en un cuarto obscuro, llamado Guatemala. Al activarlo, reveló ante los ojos de todo el mundo, la angustiante realidad en la que viven millones de seres humanos en este atormentado país».

Por Manuel Villacorta

A pesar de todas las penas y limitaciones que ha vivido durante decenas de años nuestro pueblo, nunca imaginamos posible que un fenómeno inesperado -la pandemia de Covid-19- impactara tanto en nuestras vidas y que, de paso, fuera el encargado de desnudar la cruda realidad económica y social en la que viven millones de guatemaltecos.

Pero la tragedia más grande, sin duda, es no haber tenido un verdadero Estado, un verdadero gobierno. Nuestras instituciones públicas -los organismos del Estado, el Ministerio Público, la Contraloría General de Cuentas, el Tribunal Supremo Electoral y las municipalidades-, lejos de prestar sus servicios para los millones de guatemaltecos, como ordena la Constitución Política de la Republica, fueron cooptados por grupos criminales que las usurparon, las utilizaron y las corrompieron.

Los guatemaltecos nos acostumbramos a esto, porque el poder de estas mafias es tan evidente, como sus bajos instintos y su podredumbre moral. Y nos orientamos a resolver nuestros problemas por nosotros mismos sin esperar nada de los gobiernos. Nuestra tarea era sobrevivir día a día. La educación, la salud y la seguridad, para citar algunos ejemplos, las teníamos que encontrar por nuestros propios medios, lejos de ser nuestros derechos, se convirtieron en aspiraciones inalcanzables, en privilegios para unos pocos.

Y vimos cómo, la vida cada vez se complicaba más.

La ausencia de empleo, los bajos salarios, la delincuencia y una escandalosa corrupción que fue creciendo de gobierno en gobierno, nos fueron robando fuerzas hasta caer en un estado de postración y aceptación. Pero nos faltaba sufrir más. El 13 de marzo de 2020, se oficializó el primer caso de contagio. Después de ello se dejó venir esta debacle. Para una población pobre, que tiene que buscar el sustento día a día y que constituye el 70% de la población trabajadora, es imposible quedarse en casa. El dilema es aterrador: quedarse en casa y no comer o salir a la calle a buscar el sustento, exponiéndose a los altos niveles de contagio: «la necesidad pudo más que el miedo». Quienes pudieron quedarse en casa, experimentaron cómo, poco a poco, se acababan sus ahorros, creció el endeudamiento con los bancos y se hizo imposible pagar hipotecas y otros rubros. Cientos de miles de trabajadores perdieron sus empleos formales e informales. Decenas de miles de medianas y pequeñas empresas cerraron operaciones para siempre. No tenemos idea aún de la magnitud de este fenómeno.

Debido a la falta de Estado, no teníamos hospitales ni recursos humanos para atender a tanto contagiado. En una danza de vértigo, las autoridades de turno recurrieron a un endeudamiento público sin precedentes: más de 35 mil millones de quetzales en dos o tres semanas. Y como era de esperarse, paralelo a estos préstamos, se hicieron presentes las redes de corrupción que tienen secuestrado al Estado. No habían ni hospitales ni recursos médicos, pero si hubo más crimen organizado, succionando los recursos públicos que aún no hemos pagado.

¿Qué nos espera en el futuro inmediato?

Un panorama económico complejo y preocupante. En lo social más limitaciones y por tanto, mayores niveles de pobreza. Los efectos de la pandemia eran inevitables para Guatemala y cualquier país, pero en nuestro caso, la ineptitud, la irresponsabilidad y la corrupción, nos hicieron aún más vulnerables. Si hubiesemos tenido verdaderas autoridades e instituciones funcionales e independientes, los efectos hubiesen sido mucho menos impactantes.

¿Qué nos deja esta experiencia?

Nos revela que la política sí importa. Que si hubiésemos tenido un sistema político transparente y justo, autoridades responsables y capaces, se hubiese atendido con mejor capacidad y desde sus inicios, el desafío que representa la pandemia para todos nosotros. Pero el gobierno de turno, como todos los anteriores, jamás llegó al poder para trabajar por el pueblo. Los resultados y los efectos, los estamos viviendo con todos los impactos generados.

¿Cuáles son las tareas políticas y sociales que tenemos que cumplir con responsabilidad y compromiso?

Pensar en lo niños, los adolescentes, los jóvenes y las personas de la tercera edad que son, por mucho, la parte más sensible e importante de nuestra sociedad. Se hace impostergable trabajar por un gran cambio, que incluye obligatoriamente, la verdadera participación política de todos. En una forma comprometida y responsable. Fomentar más consciencia respecto a la necesidad latente de un gran cambio nacional. Organizarnos sin condicionamiento alguno. Impulsar la participación ciudadana. En Guatemala no ha existido política, ha existido politiquería corrupta, la política es la más bella de las instancias cuando se nutre de responsabilidad y moral.

En nosotros queda el compromiso y la decisión de actuar por Guatemala, la cultura de la queja, el esperar que otro nos solucione todo, será la peor de las acciones. Guatemala te reclama ya, sin reservas. Tú decides.

El dilema es aterrador: quedarse en casa y no comer o salir a la calle a buscar el sustento, exponiéndose a los altos niveles de contagio: «la necesidad pudo más que el miedo».

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